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El 2015 quedará grabado en la memoria histórica del pueblo de El Salvador por un hecho que ilumina su destino como nación, la beatificación el 23 de mayo de ese año, ante cientos de miles de feligreses de todo el mundo, del obispo mártir, Monseñor Oscar Arnulfo Romero.

El año había comenzado con buenos augurios y la Congregación para las Causas de los Santos anunció en enero la decisión de reconocer el martirio del Arzobispo de San Salvador, un acto confirmado por el papa Francisco el 3 de febrero.

El Santo Padre hizo la confirmación del ascenso a los altares de Monseñor Romero en una Carta Apostólica fechada en Roma, junto a San Pedro, el 14 de mayo siguiente.

“En virtud de nuestra autoridad apostólica, facultamos para que el venerable siervo de Dios, Oscar Arnulfo Romero Galdámez, obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico del reino de Dios, reino de justicia, fraternidad y paz, en adelante de se le llame Beato”, proclamó el Papa.

El pontífice estableció que se celebre la fiesta del beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero “el día 24 de marzo en que nació para el cielo”. Esa fecha del año 1980 el Obispo Mártir fue asesinado cuando oficiaba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia.

La causa de canonización de Monseñor Romero había comenzado el 24 de mayo de 1990 y para abril del 2014 comenzaron a florecer luces de esperanza a raíz de la visita al Vaticano del entonces presidente electo, Salvador Sánchez Cerén.

El propio estadista relató más de un año después, el 30 de mayo, durante el programa Gobernando con la Gente, en San Juan Opico, haber recibido en esa ocasión palabras de aliento por parte del cardenal Vicenzo Paglia, postulador de la causa de canonización de Monseñor Romero.

Él me decía: “las cosas van caminando, hay que tener paciencia, es cosa de tiempo, pronto El Salvador va a recibir una bendición’”, recordó el Presidente.

“Y la bendición se hizo realidad: tenemos un beato en El Salvador”, celebró el líder de la nación, quien consideró un privilegio que monseñor Romero haya sido beatificado durante su gestión.

“Debemos sentirnos llenos de esperanza, llenos de esperanza de que podemos hacer de El Salvador un país de paz, un país digno y un país donde los humildes y los pobres tengan oportunidades y tengan futuro, eso significa la bendición de monseñor Romero”, afirmó Sánchez Cerén.

“Eso significa que tengamos un beato que nos inspire, que nos de fuerza, que nos dé valentía para enfrentar los retos de la vida”, subrayó el Presidente.

La beatificación de Monseñor Romero fue encabezada por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos de la iglesia Católica y enviado del papa Francisco a la ceremonia.

Monseñor Amato expresó que “la Beatificación de Monseñor Romero, Obispo y Mártir, es una fiesta de gozo y de fraternidad, es un don del Espíritu Santo a la iglesia y para la noble nación salvadoreña”.

Fue una celebración universal a la que asistieron los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; Panamá, Juan Carlos Varela; y de Honduras, Juan Orlando Hernández; el primer vicepresidente de Cuba. Miguel Díaz-Canel; y los vicepresidentes de Costa Rica, Helio Fallas, y Venezuela, Jorge Arreaza, y el viceprimer ministro de Belice, Gaspar Vega,

Ocho cardenales y más de 100 obispos acompañaron la eucaristía que se prolongó por cerca de tres horas en la Plaza del Divino Salvador del Mundo, de la capital, donde se concentraron cientos de miles de feligreses de El Salvador y los cinco continentes.

El cardenal Amato proclamó en su homilía:

“Romero no es un símbolo de división sino de paz, de concordia, de fraternidad
Y llevemos su mensaje en nuestros corazones, en nuestras casas y demos gracias al Señor por este siervo suyo fiel, que ha dado a la iglesia, su santidad y a la humanidad entera su bondad y su mansedumbre”.

“El Mártir Romero es, por tanto, luz de las naciones y sal de la tierra. Si sus perseguidores han desaparecido en la sombra del olvido y de la muerte, la memoria de Romero en cambio continúa estando viva y dando consuelo a todos los pobres y a los marginados de la Tierra”.