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  • No partimos de cero, el país ha acumulado una importante experiencia que fundamenta con firmeza la herramienta del diálogo para alcanzar acuerdos de interés público.

Transcurridos los significativos actos conmemorativos a los 25 años de suscripción de los Acuerdos de Paz, también nos quedará entre otros recuerdos el destacado parque escultórico a La Reconciliación, memorial en el que las partes enfrentadas terminan supeditándose a la superioridad de la Mater Civis, la Patria. Incluye el sendero de la paz y agrupa diversos iconos que rememoran importantes pasajes de la historia vinculados al conflicto ocurrido, sumando al propósito de aportar conocimiento y cultura. Este nuevo icono del paisaje urbano no escapa a la creatividad pública que, a la mejor usanza del sincretismo popular, bautiza a su antojo cualquier monumento, sin restarle significado ni majestuosidad.

No podemos conformarnos únicamente con rememorar en cada aniversario las glorias y tragedias del pasado; en adelante, el estudio de la historia patria en materia de diálogo y paz debe servirnos para enfilar mejor la embestida a los retos que propone el entorno y los nuevo tiempos.

La generación de hombres y mujeres de la guerra y la paz de aquella época supo legarnos un nuevo marco institucional de apertura democrática, que se materializó con la participación política legal del insurgente FMLN, en el contexto de un inestable equilibrio de fuerzas políticas con representación parlamentaria y municipal, que paso a paso ha ido dando continuidad al proceso de reformas y transformaciones.

A partir de esa gesta se generó un importante espacio para la incursión, todavía incipiente, de nuevos medios de comunicación que luchan por conquistar espacios para incidir en la opinión pública; hubo una apuesta por el ejercicio de la libertad de expresión; se abonó con nuevas instituciones en materia de protección y promoción de los derechos humanos, así como del consumidor; resultó una nueva concepción y organización para la defensa territorial y la soberanía nacional, se inició el camino hacia una nueva judicatura para transformar de manera equitativa el imperio de la justicia, surgió una novedosa institución civil para recuperar la tranquilidad y seguridad pública, y se garantizó el más irrestricto espacio para la organización y movilización social.

A 25 años de esta memorable hazaña, tensionando todo el músculo para avanzar a la siguiente etapa, nos corresponde izar velas, ajustar el rumbo y poner en marcha para alcanzar unos acuerdos de “segunda generación”, esta vez enfocados en la agenda económica y social. No partimos de cero, el país ha acumulado una importante experiencia que fundamenta con firmeza la herramienta del diálogo para alcanzar acuerdos de interés público.

En este nuevo periodo hemos avanzado en el diseño de un Consejo Nacional de Convivencia y Seguridad, espacio convertido en la instancia de gestión de políticas públicas de esta materia y de consenso nacional; de la misma manera el Consejo Nacional por la Educación ha gestado ya una ruta para el abordaje a largo plazo del complejo reto de la educación; y en esta misma dirección avanza el Consejo para la Sustentabilidad Ambiental y el Cambio Climático, así como el del crecimiento económico.

Este conjunto de mecanismos, articulados con la interpartidaria, instancia que agrupa a las fuerzas con representación legislativa y con las mesas de diálogo –fiscal, reforma del sistema de pensiones, crecimiento económico y caficultura-, surgidas de un acuerdo entre el gobierno y la principal fuerza de oposición son resultado y mérito, principalmente, del esfuerzo y liderazgo del presidente Sánchez Cerén, quien ha mostrado una firme vocación de diálogo y paz.

Estos mecanismos también son producto del alto grado de disposición y compromiso de importantes sectores académicos, eclesiales, empresariales, gremiales y políticos, que trascendiendo en algunos casos barreras ideológicas han dado continuidad a este esfuerzo. En ese sentido el reciente nombramiento del representante del Secretario General de Naciones Unidas como mediador y facilitador para acompañar este proceso, agrega calidad a la consecución de nuevos acuerdos.

El rol de organismos internacionales como Naciones Unidas ha sido históricamente muy importante debido al exacerbado nivel de polarización y falta de credibilidad que todavía expresa nuestra sociedad, por lo que la consecución de nuevos acuerdos deberá contar además con el mayor empuje y participación, tanto de los medios de comunicación interesados en estimular la búsqueda de entendimientos, como de los sectores de iglesias en todas sus expresiones, y por supuesto de los más diversos sectores gremiales, sociales, empresariales, comunitarios y políticos que coinciden en la necesidad de construir un rumbo común de desarrollo económico y social sustentable para el país.

El reto para el principal partido de oposición es muy grande, su disposición de sumarse a construir una segunda generación de acuerdos, sin duda, pondrá a prueba su vocación por aportar genuinamente al interés nacional. Así sea.