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  • Diversos sectores de la sociedad han abrazado la bandera de la alfabetización y han decidido acompañar al gobierno en la misión de erradicar el analfabetismo en El Salvador.

Cambiar la vida de una persona es lo más gratificante para Kevin Leonel Pineda, y en 2013 encontró la llave que le abrió la puerta para cumplir este propósito,cuando se unió a los círculos de alfabetización promovidos por el gobierno del Presidente Salvador Sánchez Cerén, a través del Ministerio de Educación.

 

Para este voluntario alfabetizar  significa además establecer un fuerte lazo de amistad con los asociados, que llegan con la esperanza y la decisión de conocer las letras, escribir su nombre, leer el periódico entre otras cosas que solo aprendiendo a leer y a escribir podrán lograr.

 

“Me alegra cuando las personas que he atendido me agradecen, me dan un abrazo porque les he cambiado la vida”, comentó Kevin orgulloso en el programa Casa Abierta, donde junto a otros compañeros ligados al proyecto de la alfabetización compartieron sus experiencias con el Presidente Salvador Sánchez Cerén.

 

Y en efecto, Rosalina Hernández es un ejemplo del giro que da la vida con la luz del conocimiento.  Ella es asociada de uno de los círculos de alfabetización que funciona en el departamento de San Salvador, y asegura que con lo poco que ha aprendido hasta el momento se siente más segura y motivada.

 

“Cuando voy a dejar desayuno o almuerzo veo los carteles en la calle y digo: pero esas letras yo la conozco, me siento alegre, ya puedo un poquito”, comentó.

 

A Rosalina le daba pena admitir que no podía leer y escribir, y ese desconocimiento le provocó muchas frustraciones en su vida como perderse por no identificar las rutas de buses y no poderle ayudar a su hija en las tareas.

 

Con las primeras clases que ha recibido su optimismo ha crecido, ahora no solo aspira leer y escribir, sino también sacar su bachillerato y alfabetizar a sus papás quienes tampoco tuvieron la oportunidad de educarse.

 

El Presidente Salvador Sánchez Cerén denominó el 2018 como el año de la alfabetización, y a este esfuerzo se han sumado diversos sectores como la academia, la empresa privada, las iglesias, medios de comunicación, entre otros.

 

El periodista Roberto Hugo Preza, de grupo Megavisión expresó que historias como la de Rosalina y Leonel son las que contagian, multiplican y hacen crear conciencia que un El Salvador Alfabetizado es Posible.

 

“Este proyecto (alfabetización) es posible y está llegando al alma de los salvadoreños (…) que bueno que usted (Presidente) nos ha marcado la ruta a la sociedad porque este no es solo un compromiso de gobierno, sino de la sociedad”, dijo el comunicador.

 

Para el viceministro de educación, Francisco Castaneda, este año es decisivo y se ha ido avanzando mucho en materia de alfabetización gracias a la voluntad, compromiso y sensibilización de los sectores involucrados en esta noble misión.

 

“El proyecto de alfabetización es una de las prioridades más genuinas de nuestro gobierno que garantiza derechos pero que también está cambiando vidas”, manifestó el funcionario.

 

Y a este proyecto de cambiar vidas se ha sumado la empresa de  óscar Armando López, representante del sector de la empresa privada, quien asegura que la “educación es parte del ADN de su compañía”, por lo cual se promueve entre los empleados para darles más oportunidades de superación.

 

“La educación es parte fundamental, el país tiene un potencial  grande y ese potencial está limitado por qué tan educada está la persona, creemos que el país puede ser diferente, los compañeros pueden ser mejores, pueden tener más esperanza en la medida en que se está alfabetizando”, dijo.

Para el presidente Sánchez Cerén enseñar a leer y a escribir a los salvadoreños y salvadoreñas que aún no saben, es liberarlos de la ignorancia y la esclavitud.

 

Y bajo esta visión es que Leonel y Rosalina se siente motivados a continuar, cada uno siguiendo sus objetivos, pero ambos firmes en su voluntad de demostrar al país y al mundo entero que “El Salvador alfabetizado es posible”.

 

 

 

San Salvador, 10 de marzo