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  • El presidente Salvador Sánchez Cerén y la primera dama Margarita Villalta de Sánchez cumplen 50 años de matrimonio, celebran así sus Bodas de Oro.

Privilegiadas son las parejas que llegan a cumplir esa cantidad de años juntos como expresión de amor, pasión, compromiso con la vida, coincidencia en valores y principios, respeto, confianza y complicidad.

Salvador y Margarita contrajeron matrimonio en 1968, y desde entonces se han mantenido unidos, cumpliendo el rol de padre, madre, revolucionarios, compañeros de lucha y de ideas políticas; él maestro y ella obrera, fundadores y fieles militantes del FMLN, juntos han recorrido la totalidad de la nación cuscatleca, forjando patria y compartiendo vivencias con las comunidades en los campos y ciudades, acompañando al pueblo en momentos de dolor y también de celebración, irrenunciables a la dignidad, orgullo y soberanía azul y blanco.

Al asumir en 2009 la vicepresidencia de la República y luego la presidencia en 2014 Salvador Sánchez Cerén, junto a su esposa, pasan a asumir tareas de mayor responsabilidad, sumándose a escribir, con el triunfo de la izquierda, nuevas páginas de la más reciente etapa de la historia contemporánea de El Salvador.

Su quehacer y entrega diaria los ha convertido en esposo y compañera ejemplares.

En ellos está representado el irrevocable concepto de que el matrimonio es la base de la unidad familiar, la unidad más integrada, la que mejor logra perpetuarse y la que se autoprotege mejor.

Como muchos han afirmado que la cultura se desintegraría si su piedra angular, la familia, dejara de tener validez como tal.

Y eso precisamente son Salvador y Margarita, la piedra angular de una familia salvadoreña que ha procreado cuatro hijos y una descendencia llena de vida entre nietos y biznietos, a los que se suman miles de niñas, niños, adolescentes y jóvenes beneficiados con sus inclusivas y novedosas iniciativas y programas en favor de la educación, la juventud, las mujeres, la cultura, la prevención, la seguridad y el bienestar de las nuevas generaciones.

Como olvidar su desempeño como maestro, o al frente de las luchas magisteriales, negociando la paz como comandante guerrillero, líder del partido, diputado y jefe de grupo parlamentario del FMLN, Vicepresidente de la República, ministro ad honórem de Educación y Presidente dedicado a construir prosperidad económica y social, y sobre todo una cultura de paz y convivencia.

Ella cumpliendo su rol de madre y desempeñando importantes tareas políticas junto a su esposo y compañero, ha dejado una huella imborrable en la edificación de una sociedad democrática, respetuosa de los derechos y libertades, y con más oportunidades y facilidades para el adulto mayor, las mujeres y la niñez.

Su amor no se ha limitado solo al que existe entre un hombre y una mujer, todo lo contrario ha trascendido hacia un país con paz y democracia, a sus ciudadanos porque su mayor empeño es la dignificación y plena felicidad de las familias salvadoreñas.

El optimismo humanista de ambos los hace soñar y trabajar por una sociedad libre, democrática, con igualdad de oportunidades y derechos, donde la pobreza no sea para nadie; por ese ideal se entregan y luchan.

“No comprendo la vida sin un compromiso social y político. Para mí vivir la vida ha sido siempre ser parte de la comunidad, de sus luchas, de su destinos”, señaló Margarita en una ocasión.

Para el Presidente, “la felicidad, la dignidad, la libertad, el progreso, hay que construirlas en colectivo cada día, esa es la aspiración de la filosofía del buen vivir”.

Como se puede leer en un tuit divulgado por las redes sociales es “una pareja ejemplar, sin afanes de fama o gloria, que ha dedicado toda su vida a trabajar por el bienestar del pueblo, la paz y el desarrollo del país”.

Más que merecidas entonces las felicidades para Salvador y Margarita en sus bodas de oro, a esas cinco décadas de amor entre ellos y por su pueblo.