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Asistimos durante la semana anterior al ENADE XVII. Los encuentros empresariales avanzan para convertirse en la tradición de una parte importante de la iniciativa privada, por lo que debemos profundizar en el contenido de sus propuestas, más allá de la envoltura del inapropiado discurso de apertura del presidente de ANEP, nublado por el sesgo ideológico y dramáticamente cargado de negatividad, y que contrastara significativamente con la actitud mesurada, abierta al diálogo, propositiva y de respeto del Presidente de la República que, haciendo gala de datos concretos – sin convenientes acomodos- sigue promoviendo el diálogo como método para alcanzar entendimientos.

Estos eventos son producto de las amplias libertades democráticas del periodo de transición abierto por los Acuerdos de Paz y reconocemos la pujanza organizada de un importante agrupamiento del sector privado que representa al menos la postura de quienes controlan una parte de las cúpulas de las gremiales empresariales. Su contenido  -aunque parcializado- aporta al amplio debate de todos los sectores que crece para construir un gran acuerdo de nación y que trace las grandes líneas del desarrollo para el futuro de nuestra sociedad, cuya construcción requiere incluir las iniciativas debidamente fundamentadas de la diversidad de sectores preocupados y con propuestas para edificar el futuro del país; al menos esa es nuestra visión y expectativa.

Hay grandes temas en los que indudablemente estamos de acuerdo; por ejemplo, en la necesidad de alcanzar el desarrollo y generar empleos suficientes y de calidad, pero bajo un claro compromiso con el país tendremos que acordar el cómo, tal cual lo ha expuesto el Padre Tojeira en relación con lo inmoral de trasladar capitales a “paraísos fiscales” al referirse a los 50 millones de Fusades que aplicara convenientemente el adagio “haz lo que digo, mas no lo que hago”, ya que esos dineros hacía falta haberlos invertido y con ello generar empleos en nuestro territorio.

 

De la misma manera estaremos de acuerdo en promover y respetar un Estado Democrático de Derecho, pero en el que existan garantías y obligaciones para todos por igual, abordándose de frente la evasión y la elusión fiscal, ausente en todo el documento de este XVII ENADE.

Es indudable el pleno respeto a la propiedad privada y al derecho de emprender, sobre todo en un país como el nuestro que necesita muchos y nuevos agentes productivos que generen empleo; sacudiendo el huérfano compromiso firme de la banca privada respecto a financiar al menos al sector agropecuario en condiciones favorables, tradicionalmente marginado de las políticas crediticias en la banca privada.

 

En el documento hay una clara referencia al destacado y esperanzador periodo de industrialización que otrora vivió el país, para la sustitución de importaciones y que aunque de manera incipiente fue muy exitosa gracias a la formidable visión de un buen grupo de empresarios industriales y productores agropecuarios, así como de la laboriosidad de nuestra mano de obra valorada en toda la región; destacándonos y reconociéndonos, según el referido documento, el merecido calificativo de “el Japón de Centroamérica”.

No obstante, el documento de ENADE omite y esconde que fue precisamente durante los 20 años de gobiernos de derecha -por intereses de una parte de los mismos grupos hegemónicos de poder- que se abandonó la ruta productiva industrial y agroindustrial que llevaba el país; se desamparó la caficultura, haciendo de muchas fincas antes productivas despojos de embargo de los bancos de aquella época, que terminaron convirtiendo las fincas en sendos complejos residenciales de los grupos inmobiliarios propietarios de aquellos mismos bancos.

Durante ese período nuestra economía se convirtió en un emporio dolarizado; una plaza de comercio, finanzas y servicios, sin visión productiva, con empresarios amarrados -ante voraz tigre suelto- a la suerte de sendos tratados comerciales suscritos sin consulta, únicamente a favor de los grupos comerciales y en total desventaja para los productores, tanto industriales como agropecuarios nacionales, transformando una buena parte del desarrollo industrial en apenas un segmento de maquilas con poco valor agregado, que al final terminó lanzando a la informalidad y desempleo a miles de obreros y productores agropecuarios, acrecentando el enorme éxodo migratorio.

Así como unos demandan la despartidización de importantes instituciones, de la misma manera también hay que liberar a las instituciones públicas de la influencia empresarial de voraces grupos económicos que solo pretenden volver a hacer del Estado su coto de caza.

Aunque son muchos puntos en los que diferimos sobre cómo contar el pasado y su influencia y determinación en el presente, hoy es necesario que juntos construyamos un mejor futuro. Debemos coincidir en las ventajas que nos caracterizan como una formidable población joven, envidiable ubicación geográfica en el centro del istmo y de América, así como la proximidad con uno de los mayores mercados del mundo.

Éstos y otros aspectos constituyen una enorme ventaja que debemos saber aprovechar, sobre la base de elevar el nivel de educación, tarea que solo es posible si acrecentamos la inversión social para cumplir los objetivos del milenio en materia de desarrollo humano. Pongámonos honestamente de acuerdo que el país lo necesita.