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Hace 13 años la vida de Juana R. dio un rumbo inesperado. Ante las muchas necesidades que vivía su familia tomó una drástica decisión que muchos salvadoreños han adoptado: Emigrar de forma irregular a Estados Unidos.

Junto a su hermana partieron un día con una fuerte ilusión pero con su corazón deshecho, pues atrás quedaba su familia compuesta por sus  dos hijos y sus padres: “Iba con un nudo en la garganta, me dolía tener que dejarlos”.

En el camino el sueño de una mejor vida para ella y  sus seres queridos parecía irse desvaneciendo con cada paso que daban, la suerte no jugó de su lado ni del de su hermana, ambas fueron abusadas sexualmente dos veces y despojadas de lo poco que llevaban.

A este suceso lamentable se sumó una tragedia más, al intentar abordar el tren “La Bestia” solo logró subirse Juana.  Su hermana quedó atrás con sus piernas deshechas ya que en el intento se cayó de la locomotora y esta le pasó encima.

“Fue tan duro ese momento, yo ya me había subido al tren y oí el grito de mi hermana, me devolví a recogerla; cuando llegué al lugar donde estaba fue duro, solo logré arrodillarme, levantar la cabeza al cielo y pedirle a Dios que se hiciera su voluntad”.

Como una respuesta inmediata del cielo Juana sintió que la invadió una fuerza inexplicable, misma que la ayudó a levantar a su hermana recoger lo que quedó de sus piernas  y pedir auxilio para llevarla a un hospital.

Ambas estuvieron en un centro de Tapachula, México, por 12 días, y a pesar de los esfuerzos de Juana por repatriar a su hermana la ayuda desde el consulado salvadoreño nunca llegó. “No hay posibilidad de traerla”, era la respuesta que le daban.

La historia de Juana es una de las tantas experiencias que conoció el presidente Salvador Sánchez, y la primera dama, Margarita Villalta de Sánchez, al recibir el sábado 13 de septiembre en la Residencia Presidencial a un grupo de familias migrantes retornadas y a jóvenes que participan en los programas promovidos por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE).

Entre los invitados también estuvo el cantautor salvadoreño Álvaro Torres, quien ha sido nombrado por el gobierno Embajador de Buena Voluntad en Misión Especial para Niñas y Niños Migrantes, por el apoyo que el artista ha dado como portavoz de la campaña “No pongas en riesgo sus vidas”, que busca la toma de conciencia sobre los peligros de la ruta hacia Estados Unidos.

“Yo les agradezco por abrir su corazón”, dijo el Presidente conmovido ante las historias que escuchaba. “En mi gobierno estamos construyendo las condiciones que permitan disminuir los niveles de violencia en el país y dar más tranquilidad a la familia, a los jóvenes, a las niñas y niños”, expresó.

El relato de Juana no fue la única experiencia que impresionó al mandatario, pues la historia de Juan Antonio Rivas, de 32 años, es igual de conmovedora, ya que hace seis meses se aventuró en el mismo camino de muchos de sus compatriotas y corrió la misma suerte que la hermana de Juana al caer del tren y perder sus dos piernas.

“Yo iba solo, a mí nadie me levantó, me tocó arrastrarme hasta la carretera con mis piernas  deshechas”, recuerda entre lágrimas.

Ante esta tragedia, Juan no quería regresar a su casa para no causar lástima. “Hablé con mi esposa y me dijo que me acordara que íbamos a estar en las buenas y en las malas, y eso me dio fuerza. Ahora no me siento inútil sino que sé que tengo mucho que dar para ser un mejor ejemplo a mis hijos”, comenta con orgullo.

Luego de escuchar estos desgarradores testimonios el mandatario reiteró su compromiso de seguir trabajando porque se respeten los derechos de las personas migrantes y seguir construyendo oportunidades para la población más pobre, a fin de que el país les ofrezca una vida mejor.

El encuentro del Presidente con la población también caló profundo en el corazón del cantautor Álvaro Torres, quien considera que este gobierno “tiene oídos, escucha al pueblo”.

“Mi patria querida ha subido hasta el gobierno, y me encanta ese intercambio humano, es un gran paso. Creo que nos espera un futuro maravilloso si todos colaboramos, si todos exponemos nuestras necesidades, sé que se nos va a escuchar”, comentó el artista salvadoreño quien también se mostró muy conmovido por las historias que escuchaba.

Luego del intercambio de experiencias, el Presidente y  la Primera Dama dieron paso a las actividades culturales, donde a través del arte los invitados pudieron recrear historias que viven muchos compatriotas en la búsqueda del tan anhelado “sueño americano” y con las cuales se identificaron.

Durante el cierre de la actividad, todos los asistentes se unieron en una sola voz para cantar junto a Álvaro Torres la canción “Patria Querida”,  dedicada a esa tierra que muchos como Juana y Juana Antonio decidieron abandonar un día con la esperanza de un mejor futuro, pero que en el intento sufrieron tristes experiencias que marcaron sus vidas para siempre.

Después de la foto del recuerdo, los invitados se despidieron del mandatario con la satisfacción de haber conocido la Residencia Presidencial y la promesa de un futuro con más oportunidades, un futuro donde se haga realidad el “Sueño Salvadoreño”.

“Jamás pensé que un día una persona campesina pisaría la casa que es del Presidente, a mí me gustaría que el pueblo sepa que hay cambios en El Salvador, porque los más débiles los hemos sentido”, expresó emocionada Juana, quien regresó a su casa con una bolsa de víveres y una silla de ruedas para su hermana.