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La frase, cuando el amor triunfa, parece título de alguna novela idílica, de esas que inundan las pantallas de televisión, pero este sábado 19 de septiembre cobró vida en el programa Casa Abierta dedicado a la Escuela Especial Reynaldo Borja, un símbolo de la bondad y solidaridad humana.

La recuperación y enseñanza de niñas y niños con enfermedades crónicas o discapacidades para devolverles una vida social feliz y útil, la obra humanitaria del centro escolar, ubicado en el hospital infantil Benjamín Bloom, es exactamente una victoria del amor compartido.

Y no tuvo mejor escenario que la antigua residencia presidencial, convertida por el presidente Salvador Sánchez Cerén y la primera dama, Margarita Villalta de Sánchez, en un lugar de encuentro con sectores antes excluidos y promover el arte de El Salvador.

Fue cuando aún era presidente electo, en una conferencia de prensa el 21 de mayo de 2015, cuando Sánchez Cerén anunció la decisión de no ocupar la casona de la colonia Escalón y continuar viviendo en su casa de siempre de la capital.

Es un gesto de humildad que no tuvieron sus predecesores en la conducción del país y que enfatiza el título de esta crónica, porque hay en cada acto de humildad una formidable carga de amor.

La directora de la Escuela, Marta Rosa de Cruz, recordó que fue fundada, con tres maestros, en 2000, en el tercer nivel del Bloom.

Su nombre conlleva gratitud con otro acto de amor, el del empresario Reynaldo Borja Porras, un filántropo que apoya la institución y quien recibió el reconocimiento del Presidente y los asistentes a Casa Abierta.

El estadista visitó la escuela en marzo de 2010 para inaugurar un aula virtual, cuando era vicepresidente y ministro ad honorem de Educación, junto la doctora María Isabel Rodríguez, titular entonces de Salud.

Rodríguez recordó que fue exactamente el 18 de ese mes y añadió sentirse conmovida por las palabras de Sánchez Cerén en el lugar: “Es una experiencia única visitar este hospital escuela… Es un símbolo para nuestro país de que los niños en ningún momento deben perder su derecho a la educación”, citó.

Este sábado 19 de septiembre Sánchez Cerén reiteró su decisión como maestro y luchador social de “apostarle a la educación con una visión de inclusividad y de equidad”, una característica que destacó de la Escuela Especial, que da oportunidad a niñas y niños que no pueden estar en el sistema educativo.

Resaltó que esta “tiene un profundo sentido humano”.

Hay una transmisión de energía entre maestros, padres de familia y alumnos-pacientes que motiva la esperanza, a la búsqueda de la vida, de mantenerse siempre con la mirada hacia adelante, esperar cumplir sueños y esperanzas, dijo.

Como muestra de los resultados del esfuerzo, el coro y músicos de la Escuela interpretaron una obra clásica de nuestro folclor, El torito pinto, y en un verdadero acto de osadía de maestros y alumnos, el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Ludwig van Bethoveen.

El maestro Héctor David Henríquez, subdirector de la escuela, presentó a otro de los alumnos, Walter Reyes, de noveno grado, quien interpretó la canción dedicada a la patria por Álvaro Torres, y tuvo la delicadeza de acercarse a la Primera Dama para entregarle una rosa roja.

Henríquez, quien sumó al esfuerzo la terapia musical desde 2001, dijo que “estos niños, que tiempo atrás eran cerebros perdidos, hoy son cerebros ocupados”.

Sin dudas, otro triunfo del amor.