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Celebramos este sábado 15 de agosto el 98 aniversario del natalicio del beato Monseñor Óscar Arnulfo Romero como un acontecimiento que nos llena de alegría a todos y también como una oportunidad para seguir trabajando para convertir en realidad la esperanza de una vida mejor, con bienestar y seguridad.

 

Su vida consagrada a los pobres y a todos los salvadoreños, sus sueños de un El Salvador sin violencia, con justicia, basados en el mensaje de amor de Jesús, de Dios, es una fuente de inspiración en el camino para construir un país mejor, con oportunidades para todos.

 

Tuvimos la inmensa felicidad que el 23 de mayo de este año nuestro obispo mártir fue consagrado por la Iglesia como beato, un hecho que el presidente Salvador Sánchez Cerén calificó como una bendición para nuestro querido pueblo.

 

“Debemos sentirnos llenos de esperanza, llenos de esperanza de que podemos hacer de El Salvador un país de paz, un país digno y un país donde los humildes y los pobres tengan oportunidades y tengan futuro, eso significa la bendición de monseñor Romero”, afirmó el Presidente en los días previos al histórico acontecimiento.

 

“Eso significa que tengamos un beato que nos inspire, que nos dé fuerza, que nos dé valentía para enfrentar los retos de la vida”, también expresó, compartiendo el sentir y la esperanza de nuestra gente.

 

El papa Francisco nos señaló ese camino en su Carta Apostólica de Beatificación cuando nos recordó a Monseñor Romero como obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico del reino de Dios, reino de justicia, de fraternidad, de paz.

 

Nadie debe tener la menor duda que para ese reino de justicia, de fraternidad, de paz en El Salvador trabaja sin descanso el gobierno, y son  objetivos que están comprendidos plenamente es la filosofía del Buen Vivir que inspira nuestra labor.

 

Ese reino de Dios también fundamenta el permanente llamado del Presidente a la unidad nacional, a trabajar juntos, sin egoísmos personales o partidarios, por el bien de nuestro país. No es un llamado a que los opositores renuncien a sus ideales y críticas, sino a unirnos para garantizar que nuestros hijos y nietos vayan alegres, tranquilos y seguros a las escuelas, para que nuestras empresas prosperen y sigan generando empleos, para más inversión y un crecimiento económico con prosperidad para la gente.

 

Por esa razón, recordamos a Monseñor Romero en este día de fiesta por su natalicio con las palabras del cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos de la Iglesia Católica, aquel inolvidable 23 de mayo:

 

“Romero no es un símbolo de división sino de paz, de concordia, de fraternidad y llevemos su mensaje en nuestros corazones, en nuestras casas y demos gracias al Señor por este siervo suyo fiel, que ha dado a la iglesia, su santidad y a la humanidad entera su bondad y su mansedumbre”.

 

Trabajemos, querido pueblo salvadoreño, con Monseñor Romero en nuestros corazones y construyamos juntos un El Salvador próspero, educado y seguro.

 

Gobierno de El Salvador.

 

San Salvador, 15 de agosto de 2015.