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Vivimos el auge de los medios de comunicación y de la tecnología que crece con las capacidades económicas, llegando a cualquier rincón y condición social; estableciendo parámetros de lo aceptable y creíble, más allá de la situación objetiva y diseñando subterfugios para maquillar y adaptar la realidad a lo socialmente plausible.

La belleza humana puede modificarse con implantes, reducciones o con sofisticados tratamientos cosméticos; los avances de ingeniería textil, diseño y confección de prendas, son capaces de reubicar masa corporal y crear “perfección” donde mejor corresponda; desde programas informáticos se crean espejismos para vender; y todo por la apariencia y la percepción, reglas de la neoinclusión social.

A esto no escapa la “medición” de la gestión gubernamental, desde la óptica y técnica de cada sondeo de opinión, del debate mediático de analistas entendidos y sobre todo el escrutinio general al que permanentemente se debe estar sometido. La encuesta, como única herramienta de medición para generar conclusiones, puede ser insuficiente debido a las reiteradas dificultades de algunas encuestadoras para medir la realidad y sus tendencias, tal y como ocurrió en las últimas elecciones. En todo caso, siempre debemos ser receptivos, sin descalificar a priori ninguna evaluación, que en definitiva suma a las percepciones; a veces, siendo su principal papel.

Creo que este gobierno desde el inicio definió su carácter. Ha mostrado respeto a la constitucionalidad y al acuerdo de Chapultepec, ha contribuido al equilibrio de poderes en el Estado, no exento del debate; su clara identidad de izquierda ha hecho que pese a las dificultades sostenga su agenda social y ha mantenido el diálogo y la inclusión para establecer políticas públicas, generando espacios, como: una alianza con un importante agrupamiento de empresarios interesados en contribuir con el país, el Consejo Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, el Consejo Agropecuario con más de un centenar de organizaciones plurales y el Consejo por la Educación recientemente integrado de manera calificada y plural, cuya misión es aportar a la educación para el desarrollo del país.

Este primer año desmonta premisas conservadoras que preconizaban un país aislado. Se ha implementado una exitosa política exterior, ampliando y estrechando las relaciones con Estados Unidos, la Unión Europea, la ONU, el SICA, el Triángulo Norte, Asia e instancias como Petrocaribe. A este contexto debe sumarse la bendición de la beatificación de nuestro Obispo Mártir Monseñor Romero, que con su virtud y ejemplo abre las puertas a otras naciones.

Es innegable la existencia de cuestionamientos e insatisfacciones sobre la gestión gubernamental, derivados de la sobredemanda por la acumulación -en decenios- de problemas del desarrollo, las innegables atrofias institucionales, las dificultades y desencuentros naturales de toda administración y las expectativas que genera un gobierno devenido de un conflicto social. Para avanzar, en consecuencia, es necesario superar: a) la baja ejecución presupuestaria que frena la creación de empleo; b) la falta de capacidades interinstitucionales -gubernamentales y municipales- que resultan dispersas para controlar y recuperar territorios amenazados por la criminalidad, debiendo todas las instituciones públicas conjuntar sus esfuerzos con la PNC y la FAES; c) la falta de modernización del gobierno que haga de éste una entidad eficiente y ágil para dar respuesta a los requerimientos ciudadanos; y d) la dispersa e insuficiente política de información y comunicación gubernamental, útil para armonizar las relaciones del Estado con la ciudadanía en la ejecución de políticas de prevención de la violencia y la criminalidad, fomento de actividades productivas y programas de salud y educación.

A un año de gestión, son fortalezas de este gobierno la serenidad y firmeza del Presidente, su compromiso con la institucionalidad, la democracia, la probidad, el diálogo y el rumbo de su plan quinquenal. Es incuestionable, además, la unidad, fortaleza y respaldo a toda prueba del partido que lo llevó al gobierno y el grado de compromiso sobre el interés nacional de la alianza de partidos y fuerzas políticas que han aportado en gobernabilidad. Sostener el carácter y el estilo de gobierno es importante para cultivar los resultados de lo que se ha sembrado en un año de gestión.

No es momento de cambiar el rumbo sino de profundizar y asegurar la debida ejecución de los planes establecidos. Los retos son significativos: superar el clima de inseguridad, generar inversión, empleo y desarrollo, ampliar y cualificar el sistema educativo, reformar el sistema de pensiones, sostener la agenda social, elevar los niveles de participación ciudadana en la ejecución de políticas públicas, alcanzar la reforma tributaria y profundizar el diálogo y los entendimientos con todos los sectores de oposición, empresariales, mediáticos y sociales dispuestos a hacer patria. La crítica es válida y bienvenida, pero falta involucrarse y asumir compromisos. Creo que este gobierno, despacio y con buena letra, establece las bases del desarrollo.

*Editorial redactado por Eugenio Chicas, Secretario de Comunicaciones de la Presidencia para Diario El Mundo