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 Son palabras de una madre, es muy difícil ignorar el pasado, no podemos enterrarlo, tenemos que ir descubriendo la verdad.

Pero también debemos reconocer que son tiempos diferentes y que tenemos ahora más capacidad para resarcir el dolor de muchas personas que salieron afectadas por ese largo conflicto que vivió nuestro país.

Pero gracias a Dios firmamos los Acuerdos de Paz, aquí están el Viceministro de Defensa, está la Fuerza Armada presente, está el gobierno presente y están también las víctimas, ese es los procesos que tenemos que ir construyendo, pero sin ignorar la verdad, sin olvidar el pasado.

Yo también quiero unirme a ese homenaje al padre John Cortina, que fue un hombre que no sólo amó a este país, sino comprendió desde su fe cristiana el dolor de muchos salvadoreños y salvadoreñas que sufrieron las consecuencias del conflicto y que no solo hay que reparar, sino también hay que construir la búsqueda de todos estos niños que todavía no han encontrado a sus verdaderos padres.

Así es que para mí este es un evento trascendental, hemos hecho algunas acciones en el marco de compromiso de reparar, a las víctimas, de prestar toda la asesoría y toda la colaboración para que puedan usar los mecanismos jurídicos tanto nacionales como internacionales, eso es parte de nuestra convicción, de que la mejor forma como reconciliar el país es a partir de la verdad.

Por eso yo quiero saludar al señor Alcalde municipal de Tecoluca, por esas cálidas palabras de bienvenida.

Es para mí, como Presidente de la República, un gran honor compartir con ustedes este acto tan simbólico. Hoy estamos recordando y dignificando la memoria de nuestras hermanas y hermanos, mujeres y hombres, niñas y niños, inocentes todos, que fueron víctimas de graves violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado, que finalizó en 1992 gracias a los Acuerdos de Paz.

Pero sobre todo, hoy estamos reunidos para reconocer una vez más la responsabilidad del Estado, por los deplorables hechos de violencia a los derechos humanos infligidos y/o consentidos por agentes del Estado en aquel trágico período.

Hoy participamos en la develación de una placa de profundo significado para este centro escolar y para el país entero, que se ha denominado “Gregoria Herminia, Serapio Cristian y Julia Inés Contreras”. Este es un reconocimiento a la lucha y la esperanza de los habitantes del cantón Las Anonas de nuestro histórico departamento de San Vicente.

Esta no es una placa cualquiera, representa la reafirmación por parte de mi Gobierno de dar seguimiento a la administración anterior en el fiel cumplimiento de las medidas de reparación ordenadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en la sentencia del Caso Contreras y otros contra El Salvador, dictada el 31 de agosto de 2011.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido que en el marco del Conflicto Armado, especialmente entre 1981 y 1983, en El Salvador se produjeron desapariciones forzadas de niñas y niños.

En el caso Contreras y otros declaró la responsabilidad del Estado de El Salvador por la desaparición de seis niñas y niños, pertenecientes a tres familias, víctimas en tres diferentes hechos, ocurridos en el marco de operativos militares contrainsurgentes en aquélla época.

A finales de octubre de 2012, el Canciller Hugo Martínez presidió un acto por parte del Gobierno en San Vicente, en el que pidió perdón por la desaparición de Gregoria Herminia, Cristian y Julia Inés, los tres de la familia Contreras Recinos; así como por Ana Julia y Carmelina Mejía Ramírez y por José Rubén Rivera.

En el caso de la familia Contreras Recinos, Gregoria, Cristian y Julia Inés, fueron prácticamente arrebatados a su madre cuando tenían tan solo cuatro años, un año y cuatro meses de edad, respectivamente.

Estos hechos atroces sucedieron el 25 de agosto de 1982, en el sitio conocido como “La Conacastada”, durante un operativo militar de grandes proporciones que se desplegó en este departamento, en el cual, se reconoce que participaron la Quinta Brigada de Infantería y elementos del Regimiento de Caballería, del Centro de Instrucción de Ingenieros de la Fuerza Armada y del Centro de Instrucción de Transmisiones de la Fuerza Armada.

Afortunadamente, y con mucho esfuerzo, tanto Gregoria como Cristian fueron encontrados y puestos en contacto con sus familiares. Ambos nos hacen el gran honor de estar aquí presentes hoy, por lo que aprovecho para agradecerles desde lo más profundo de mi corazón el que nos acompañen esta mañana.

La placa que hoy develamos es en su honor, para memoria de generaciones futuras y es una muestra de nuestra voluntad, como Gobierno de la República de El Salvador, por dignificar a las víctimas inocentes de las desapariciones forzosas de los años del conflicto armado. Hechos que nunca deberán volver a golpear el tesoro más valioso de nuestra sociedad: nuestras hijas, hijos, y sus familias.

Les pido por favor que les demos un  aplauso solidario a Gregoria y a Cristian.

Con tristeza debemos reconocer que Julia Inés, hermana de Gregoria y Cristian aún no ha sido localizada. De la misma forma, está pendiente encontrar a Ana Julia y Carmelina Mejía Ramírez; pero como representante del Estado salvadoreño reitero nuestro firme compromiso firme por continuar trabajando en su búsqueda, para finalmente lograr el reencuentro con sus familiares.

Sabemos que aún faltan muchas cosas por hacer. Pero ya comenzamos a hacer valer el pleno derecho de las víctimas de conocer la verdad, de tener acceso a recursos judiciales y a recibir las reparaciones adecuadas. Tengan la seguridad de que vamos a seguir profundizando e impulsando este proceso en coordinación con todas las fuerzas vivas del país.

Este proceso implica obligaciones que vinculan a todos los órganos del Estado: al Ejecutivo, al Legislativo y Judicial, por lo que también les reitero nuestro más firme llamado a que continuemos unificando esfuerzos por el bien de nuestra gente.

Hermanas y hermanos:

El simbolismo de este acto que hoy celebramos, tiene dos lecturas muy importantes.

La primera es la referida al hecho que nos marca una nueva etapa de cumplimiento de la sentencia al saldar está deuda histórica y reconocer así, una vez más, la desaparición de niños y niñas durante el conflicto armado interno.

Este reconocimiento es un esfuerzo del Gobierno que nos lleva a reflexionar sobre los cambios democráticos que a partir de los Acuerdos de Paz, nos han permitido superar prácticas y experiencias tan dolorosas como las que tuvieron lugar en nuestro pasado reciente.

La segunda lectura, y quizás la más significativa, es la que reviste el hecho que una vez más, como salvadoreños y salvadoreñas, nos unimos en torno a un recuerdo muy vivo de dolor y angustia, pero lo hacemos con un espíritu de convivencia y fortaleza, que nos deben unir y nos deben guiar hacia un mejor futuro. Un futuro donde nunca más tengamos que confrontar o dividirnos por nuestras ideas y creencias, sino todo lo contrario: que nos permitan caminar unidos hacia conformar una nueva sociedad.

Queridas familias, ustedes representan la expresión más genuina de este nuevo El Salvador que estamos forjando. Ustedes conocen muy bien lo que es sobrevivir al dolor de la desaparición forzada de sus seres más queridos y aun así sobreponerse y nunca perder la esperanza.

Ustedes saben lo que implica salir hacia adelante haciendo esfuerzos por superarse y al mismo tiempo por honrar –y no olvidar jamás- la dignidad de sus seres queridos. Su ejemplo nos enseña la más importante de todas las lecciones: que solo estando juntos, como hermanos y hermanas, en armonía, podremos renovarnos para construir el país que queremos.

Queridas amigas y amigos:

Como Gobierno respetuoso y garante de los derechos humanos, estamos comprometidos al cumplimiento de las obligaciones internacionales en esta materia.

Pero más aún, este compromiso implica dar continuidad asimismo al reconocimiento de la deuda histórica derivada de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y profundizar las políticas de reparación integral a las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos durante el conflicto.

En estos últimos años hemos podido hacer, con esfuerzo y apoyo de la comunidad internacional, avances muy importantes en cuanto a la consolidación de una democracia real. Hemos atendido las necesidades de nuestro pueblo y hemos brindado a todos nuestros ciudadanos y ciudadanas igualdad de oportunidades para ejercer sus derechos. Una labor en la que son valiosos los aportes de ustedes.

En este contexto, quiero manifestar nuestro agradecimiento y admiración para todas aquellas defensoras y defensores de los derechos humanos, quienes integraron y siguen luchando desde la Asociación Pro Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos. Fuerte aplauso también para Pro Búsqueda. Gracias por esta noble labor de promover el reencuentro de las familias y reclamar la legítima obligación del Estado en asegurar los derechos de las víctimas.

Asimismo, quiero reiterarles que el Ministerio de Relaciones Exteriores mantiene un convenio vigente con la Asociación Pro Búsqueda, mediante el cual la red diplomática y consular está apoyando las labores de búsqueda que se llevan a cabo, así como la labor de la Comisión Nacional de Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante el conflicto armado interno, creada en 2010 por mandato presidencial en ese momento.

Asimismo, a través de la Dirección General de Derechos Humanos, la Cancillería mantiene abierta sus puertas a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos que ventilan sus casos ante los sistemas internacionales, así como a las organizaciones que los representan. Este diálogo con las víctimas es ya una metodología institucionalizada en nuestra Cancillería, así como el fortalecimiento de las comunicaciones interinstitucionales para fomentar el cumplimiento de nuestras obligaciones.

Como parte de nuestras acciones emprendidas, también es importante destacar la conformación del Consejo Directivo del Programa de Reparación de Víctimas del Conflicto Armado instalado en julio del presente año. Este Consejo forma parte del compromiso del Gobierno con los derechos humanos y con la reconciliación de la nación, es además un espacio participativo para aquellas víctimas con quienes el Estado salvadoreño tiene una deuda y que no han tenido la oportunidad de acceder al Sistema Interamericano.

Estimadas hermanas y hermanos:

Este solemne acto me parece propicio para reafirmar nuestro compromiso de seguir construyendo un mejor país. Recordemos que la firma de los Acuerdos de Paz, acto que dio por terminado un doloroso período de nuestra historia, marcó un nuevo punto de partida, que nos sigue impulsando en el mantenimiento de la armonía social de nuestro país, tan necesario hoy día.

Impulsemos esa armonía y convivencia, a fin de garantizar las condiciones que permitan el desarrollo y el bienestar de todas las personas, así como el avance de la justicia, de tal forma que no solo se asegure el respeto de los derechos humanos, sino también la felicidad de nuestro pueblo. Estas condiciones son indispensables para que nuestra paz sea plena.

El camino iniciado desde la firma de los Acuerdos de Paz no debe detenerse ni desviarse, y es fundamental renovar nuestro compromiso para que el espíritu de estos Acuerdos, logrados a través del sacrificio y del diálogo, nos impulsen a profundizar la democracia, la paz y la unidad del país. Valores fundamentales para consolidar El Salvador que todos queremos.

En esta ocasión tan simbólica en la que con dolor, pero al mismo tiempo con esperanza, recordamos cómo las atrocidades del pasado truncaban los sueños, particularmente de nuestros niños y niñas, quiero insistir que desde mi gobierno estamos totalmente comprometidos a trabajar por un presente y un futuro lleno de oportunidades para que nuestra niñez nunca más vean, estos niños y estas niñas, sus sueños rotos. Sino por el contrario, sus sueños de infancia sean tan solo el comienzo de un camino lleno de bienestar y felicidad.

Queremos entonces que ustedes, niños, niñas y jóvenes, sean parte activa de una generación que tenga las oportunidades para desarrollarse y crecer en su tierra, y también para ayudarnos a cambiar El Salvador, para forjar nuestro propio futuro desde ahora, sumando esfuerzos.

Les animo entonces, a que unidos y unidas, forjemos un mejor país, más justo y más equitativo, pero con memoria suficiente para no permitir nunca más los abusos e injusticias del pasado.

En memoria y ese esfuerzo debe ayudarnos a recordar el costo y el valor de vivir en paz, pero también debe ayudarnos a aprender y extraer las lecciones que nos permitan construir el porvenir que todos y todos que nos merecemos.

Muchas gracias y que Dios nos bendiga hoy y siempre.

Pasen muy buenos días.