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  • Distinguidos invitados especiales

Quiero iniciar felicitando a estos servidores públicos, son más de 300 que hay que reconocer no solo su voluntad de servir al país, no solo su voluntad de mejorar su capacidad como servidor público y ser más eficiente y eficaz, sino fundamentalmente por ser los pilares de esta transformación tan necesaria en nuestros países como es la transformación permanente del Estado, un Estado que sea al servicio de la gente y especialmente al servicio de los más necesitados, al servicio de los más humildes, al servicio de los desposeídos, hacia ellos es que el Estado  tiene que tener una función prioritaria.

 

Así es que yo les agradezco sus desvelos, sus esfuerzos, sé que es una doble tarea estar fungiendo en el ministerio y además desarrollando las tareas de formación y de capacitación. Así es que felicidades y realmente es un honor para mí dirigir este gobierno en el que hay esta calidad de personas.

 

Por eso para mí es un gusto saludarlos esta mañana en la que nos reunimos para comunicar la creación y puesta en marcha de la Escuela Nacional de Formación Pública, que ya el sub secretario informaba tan en detalle todos los avances pero además también toda la visión que se tiene sobre la escuela, una visión vinculada a la transformación del Estado, que es una tarea fundamental propuesta por mi gobierno.

 

Crear mejores herramientas para consolidar la institucionalidad del país es una visión que ha mantenido nuestro gobierno con fines mayoritariamente sociales.

 

Si nuestra institucionalidad democrática es fuerte, brindará más igualdad de posibilidades entre los diferentes sectores de la sociedad y fortalecerá el Estado de Derecho.

 

La globalización, las crisis financieras y económicas, la apuesta por un desarrollo incluyente, equitativo y sustentable, la demanda de una ciudadanía cada vez más informada y participativa y una sociedad más democrática, requieren de una transformación y fortalecimiento del Estado y de sus instituciones.

 

Esto implica el replanteamiento o la recuperación de varias de sus funciones sustantivas, como la regulación, la planificación, la redistribución, una palabra que no a todos les simpatiza, pero es una palabra urgente y necesaria, tiene que haber una conducta retributiva, es decir  que todos aquellos que podemos aportar, que podemos ganar, que pagamos nuestros impuestos, que verdaderamente eso tenga una inversión y que además haya la voluntad de aportarlo  para invertir en el desarrollo social de este país que tanto lo necesita.

 

Por eso también no solo la redistribución, sino también la rectoría que se perdieron o se debilitaron debido a las políticas neoliberales

 

Por esta razón, en el Plan Quinquenal de Desarrollo 2014-2019, nos comprometimos a avanzar “hacia la construcción de un Estado concertador, centrado en la ciudadanía y orientado en resultados”. Y a nuestro juicio lo estamos haciendo.

 

Hemos trabajado desde el primer día de nuestra administración por una institucionalidad articulada y cohesionada, cuyo trabajo sea eficiente, funcional y efectivo, centrado en la ciudadanía, capaz de proteger y promover sus derechos, con un mejor acercamiento de los servicios públicos de forma oportuna, cálida y con calidad para la población.

 

Nuestra apuesta es poner a la administración pública a la altura de las necesidades del país, con una institucionalidad que sea competente respecto a las exigencias de la ciudadanía y de los desafíos de la construcción democrática.

 

Esto no se puede lograr sin el concurso de los servidores públicos.  La transformación del Estado requiere de la transformación del servicio público.

 

Por otra parte, el talento humano constituye el recurso más valioso de las organizaciones y es un factor determinante en la eficacia y eficiencia de la administración pública.

 

De tal manera que la calidad de la gestión de cualquier administración pública depende directamente del talento y la experiencia de sus servidores.

 

En este marco, la profesionalización del talento humano es trascendental y se requiere de políticas, estrategias y planes que lo fortalezcan, que instalen la meritocracia y garanticen que hombres y mujeres tengan iguales oportunidades para ingresar a la administración pública y desarrollarse en ella de manera profesional.

 

Estamos convencidos que en nuestro país, solo podremos desplegar un proceso exitoso de transformación del Estado, si lo acompañamos con el desarrollo de un programa permanente y sistemático de formación y capacitación pública que aporte a la profesionalización del recurso humano.

 

La Escuela Nacional de Formación Pública del Órgano Ejecutivo viene a mejorar las capacidades de las servidoras y los servidores públicos con el fin de fortalecer las instituciones y los servicios de gobierno en función de la gente.

 

Queridos ministros, ministras y demás colegas que ejercemos el servicio público desde el Gobierno:

 

Ya lo decía el subsecretario y el secretario técnico también, nuestra gestión ha tenido una tarea permanente en la consolidación de la institucionalidad en El Salvador.

Hemos promovido el trabajo de las instituciones a nivel nacional y acercado los servicios de esta a la mayoría de los territorios, involucrándonos directamente con las comunidades.

 

Ahora, en un hecho inédito y como una apuesta de largo plazo, anunciamos la Escuela Nacional de Formación Pública del Órgano Ejecutivo – ENAFOP- , creada por Acuerdo Ejecutivo e instalada en la Secretaría Técnica y de Planificación.

 

Con esta decisión, antes de cerrar nuestro tercer año de gestión, continuamos dando cumplimiento a uno de los grandes objetivos del Plan Quinquenal de Desarrollo, el de “institucionalizar la formación profesional de quienes son servidoras y servidores públicos”.

 

Y estamos respondiendo al cumplimiento del artículo 40 de la Constitución de la República, que plantea como obligación del Estado el establecimiento de un sistema de formación profesional para la capacitación y calificación del recurso humano.

 

La Escuela Nacional de Formación Pública es un espacio en el que se formarán servidoras y servidores públicos con vocación democrática y de servicio a la ciudadanía, respetuosos de los derechos humanos y empeñados en contribuir al desarrollo del país y a una mejor calidad de vida de la población.

 

El objetivo de la escuela es generar un conocimiento transformador, basado en el talento público.  Nuestro reto es atraer, gestionar y retener el talento de las personas.

 

Esto incluye descubrir y desarrollar el talento oculto en las instituciones públicas, crear espacios comunes para aprovechar las interacciones entre los servidores públicos y fomentar la creación de redes y aprendizaje.

 

Este es otro legado relevante de nuestro Gobierno que, junto con los esfuerzos de profesionalización de la función pública y de una propuesta de Ley del Servicio Público que está en camino, beneficia no solo al Estado, sino a la sociedad entera y al desarrollo del país.

 

Otro aspecto relevante es que esta escuela es de todo el gobierno y en consecuencia, la responsabilidad de desarrollarla es de todas las instituciones, de todos los titulares, de todos los servidores públicos.  Es nuestra escuela y llegará hasta donde decidamos llevarla.

 

Nuestro compromiso es hacer de ella una escuela moderna y modernizadora.  Que destaque por su excelencia y por su aporte sistemático a la transformación y modernización del órgano ejecutivo y del conjunto del Estado.

 

Deberá ser una escuela de alcance nacional, que llegue a todos los rincones del país y que busque los equilibrios territoriales en los procesos de enseñanza – aprendizaje de los servidores públicos.

 

Además, tenemos como objetivo que la Escuela Nacional de Formación Pública se convierta también en protagonista de la investigación, la formulación de propuestas y la generación del debate en torno a las políticas públicas y su eficacia transformadora.

 

Quiero hacer un llamado a las universidades del país aquí presentes, como a los diversos centros de formación pública de Iberoamérica, que ya han expresado su beneplácito ante la noticia del nacimiento de esta nueva escuela en el continente, para que colaboren con nosotros en este nuevo esfuerzo y para que conformemos una gran red en función del desarrollo de capacidades y la gestión del conocimiento de las servidoras y servidores públicos.

 

Extiendo este llamado a la cooperación internacional y aprovecho para agradecer a aquellos países y organismos internacionales  que ya empezaron a colaborar con nosotros, como el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo, CLAD, la CEPAL y el ILPES y los gobiernos de España, Taiwan, Luxemburgo y los Estados Unidos y Colombia. Puede ser que esta lista se haya quedado corta, pero les agradecemos infinitamente por toda esa colaboración.

 

A la Secretaría Técnica y de Planificación en cuyas manos ponemos la responsabilidad de dirigir y coordinar la Escuela Nacional de Formación Pública, le deseamos los mayores éxitos en esta misión.  Siempre contarán con nuestro apoyo y acompañamiento.

 

Sin duda, estamos dando un paso en el progreso de El Salvador, formando a las y los servidores públicos para que contribuyan a fortalecer el progreso y la gobernabilidad de los territorios.

 

Estoy seguro que este proyecto que ahora comienza y avanza como una pequeña semilla, pronto germinará y dará los frutos esperados en beneficio de la ciudadanía salvadoreña y del desarrollo de El Salvador.

 

Muchas gracias.