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  • Me da mucho gusto ser parte de este importante suceso, que representa el fortalecimiento de la amistad entre México y El Salvador.

La reinauguración de la Residencia Oficial de México en El Salvador confirma el buen estado de las relaciones diplomáticas entre nuestros países y las proyecciones de un futuro mejor para nuestros pueblos.

Pido al Excelentísimo señor embajador, Orlando Arvizu Lara, transmita al señor presidente Enrique Peña Nieto, y al pueblo mexicano, un saludo respetuoso y fraterno de mi persona, mi gobierno y del pueblo salvadoreño.

Las relaciones diplomáticas entre México y El Salvador se remontan a 1838. Desde aquel año hemos suscrito como naciones hermanas numerosos convenios y alianzas para el bien de nuestros pueblos.

Un ejemplo de la madurez y firmeza de las relaciones bilaterales entre El Salvador y México es el Tratado de Amistad, firmado en fecha tan temprana como 1893.

Actualmente mantenemos con México mecanismos de concertación en los ámbitos comerciales, políticos y de cooperación. La más reciente muestra de esos lazos es el otorgamiento de los Fondos Yucatán a nuestro país.

Con la ayuda de estos fondos impulsamos el Programa de Infraestructura Vial Estratégica para los departamentos de Ahuachapán, Santa Ana, y La Libertad.

El 45.6 por ciento del monto total que se invierte en esos proyectos proviene de esa importante donación del gobierno mexicano.

Por su incondicional respaldo al pueblo salvadoreño, México siempre estará en nuestros corazones, pues son muchas las muestras de solidaridad de esta gran nación, principalmente en los más difíciles capítulos de nuestra historia.

En las últimas décadas, cuando hemos sufrido los embates de la naturaleza, México siempre ha sido el primer país en extendernos la mano.

En los terremotos de 2001 respondió oportunamente enviando brigadistas y toda la logística necesaria para acelerar las tareas de rescate.

Por todas esas muestras de humanismo y solidaridad, muchas gracias, hermanos mexicanos.

 

Señoras y señores:

 

En lo personal siempre veré a México como esa gran nación hospitalaria, que acogió a muchos líderes y representantes de movimientos sociales y respaldó decididamente los procesos de restauración democrática de la región.

Agradecemos el noble y sincero gesto con nuestro país expresado en la Declaración Franco-Mexicana, firmada el 28 de agosto de 1981, en la que esas dos naciones reconocieron ante la comunidad internacional la alianza del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y del Frente Democrático Revolucionario como una fuerza política representativa del pueblo y abogaron por una solución justa al conflicto.

Durante la convulsa década de los ochenta en nuestro país, México jugó un importante papel en los diálogos y negociaciones que concluyeron con la histórica firma de los Acuerdos de Paz, en el Castillo de Chapultepec, el 16 de enero de 1992.

Después de estos Acuerdos, la residencia de México en El Salvador acogió a los miembros de la comandancia del FMLN, mientras establecíamos la paz y construíamos una institucionalidad firme y duradera.

Una muestra más de los estrechos lazos que nos unen es la exhibición en esta embajada de la obra del querido y recordado maestro Fernando Llort, gran exponente y promotor del arte y la identidad salvadoreña.

En el mural “Unidos en tradición”, un hermoso mosaico de cerámica del artista del pueblo salvadoreño, se conjugan elementos identitarios de México y El Salvador, que destacan los rasgos comunes de nuestro origen como pueblos de Mesoamérica.

Reitero mi alegría por la reinauguración de la Residencia Oficial de México en El Salvador. Reciban el afecto y respeto infinitos de nuestro gobierno y pueblo.

Mi gobierno reafirma la decisión de continuar trabajando con México para el desarrollo y bienestar de nuestros pueblos, y el fortalecimiento de los nexos de amistad y hermandad que nos unen.

Muchas gracias.