DISCURSO
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Graduación de la CLXXXIII Promoción de Oficiales de la escuela militar “Capitán General Gerardo Barrios”, de la Escuela Nacional de Aviación Militar y del Centro de Educación e Instrucción Naval.
05de Diciembre de 2009
Señoras, señores, jóvenes oficiales:
Es un orgullo para mí, como Presidente y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada, presidir esta ceremonia de graduación de los nuevos oficiales.
Tras cuatro años de formación, estoy seguro que es para ustedes un gran día, muy esperado y muy deseado.
Quiero decirles, en nombre del pueblo salvadoreño, que este es también un gran día para el país, pues 70 subtenientes se suman a una institución fundamental de la República.
Estoy seguro de que son concientes de lo que significa formar parte de la Fuerza Armada de El Salvador.
Es una institución moderna, que se ha ganado su buena reputación con el esfuerzo y el ejemplo de cada uno de sus cuadros y, sin duda, ustedes comprenden la importancia de mantener y mejorar esa confianza que el pueblo tiene depositada en la Fuerza Armada.
Esto que les digo no es una impresión personal y menos una valoración subjetiva.
Recientes encuestas de opinión –cuyo rigor científico es indudable- muestran una percepción muy positiva de grandes sectores de la población hacia la institución militar.
Esa apreciación popular pone en evidencia que la mayoría de salvadoreñas y salvadoreños encuentran detrás del uniforme militar a un ser humano de valores intachables, al servicio del país y dispuesto a dar su mayor esfuerzo para garantizar la seguridad y el bienestar de todas y todos.
De manera que el ingreso a la Fuerza Armada significa un honor, pero al mismo tiempo una gran responsabilidad.
En efecto, al integrar la institución militar se convierten ustedes en miembros de uno de los pilares fundamentales de la República y del sistema democrático.
Son ustedes portadores de los valores de la unidad nacional, de la seguridad y la paz social que queremos promover y, en consecuencia, son también garantes de los derechos humanos y del respeto a la institucionalidad.
El país vive momentos especiales de su historia. En el orden político asistimos a un proceso de cambios que debe plasmarse en todos los ámbitos de la vida nacional.
Un pueblo sufrido y laborioso demanda transformaciones que den respuestas a sus necesidades insatisfechas y en el corazón de ello está el cambio de concepción del rol que el Estado debe desempeñar.
Durante mucho tiempo el Estado se ha desentendido de los problemas de las grandes mayorías, que viven en el atraso, la pobreza y la exclusión.
Es un Estado que se ha desenvuelto, él mismo, en el atraso, con concepciones viejas y caducas en materia de políticas públicas.
Un Estado que deliberadamente no sólo fue disminuido en tamaño sino en eficiencia y efectividad.
A este Estado debemos transformarlo.
Debemos reconvertirlo. Debemos modernizarlo.
Debemos dotarlo de instituciones sensibles a los problemas de la gente, capaces de articular y ejecutar políticas que solucionen problemas y brinden oportunidades parejas para todos.
Si no lo hacemos, será inútil que tengamos procesos de crecimiento económico como el que hemos gozado hasta el año pasado, pues pese a este desenvolvimiento de la economía nacional, la desigualdad y la exclusión social han aumentado.
Lo que ha sucedido, como bien lo señalan diferentes estudios, entre ellos los del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo, es que la cúspide de la pirámide social se ha enriquecido aún más, mientras que la gran base se ha empobrecido, también más.
Y eso no es aceptable, no solamente porque es injusto, sino también porque impide el verdadero desarrollo económico y social del país.
En este punto, amigas, amigos, quiero poner de ejemplo a la Fuerza Armada.
En efecto, esta institución, hace menos de dos décadas, vivía en estado de guerra; de una guerra civil que desangró al país, que lo dividió y que produjo odios y enfrentamientos estériles.
Y a partir de la firma de los acuerdos de paz, el cuerpo militar de la nación comenzó un proceso de cambio interno con el objeto de superar las heridas abiertas por aquel conflicto y de integrarse a la construcción de la nueva institucionalidad democrática.
En el interior de la Fuerza Armada imperaron aquellos que apostaron por el futuro, por la paz y por la democracia, por encima de quienes pensaban que era función militar intervenir en la vida política o condicionar el ejercicio de la democracia, para responder a intereses que no eran los del conjunto del pueblo.
La Fuerza Armada se profesionalizó y gracias a ese proceso exitoso hoy tiene el alto reconocimiento de la ciudadanía.
La Fuerza Armada se convirtió en un ejemplo solidaridad en momentos de tragedia nacional, de apoyo al orden democrático y de disciplina en relación con el poder civil de la República.
Ese es el ejemplo que quiero destacar hoy, cuando incorporamos a estos nuevos cuadros militares formados en este pensamiento y en esta disciplina.
Otras instituciones estatales deben tomar esa referencia y convertirse también en sostenes de una democracia cada vez más incluyente, participativa, justa e igualitaria.
Modernizar y democratizar el país es una tarea que nos involucra a todos, de la misma manera que es una labor de conjunto forjar la más sólida unidad nacional en torno de los grandes intereses comunes.
En este sentido, estoy consciente que como Comandante en Jefe de la Fuerza Armada cuento con el apoyo y esfuerzo disciplinado de todos sus integrantes.
Hago esta referencia porque, lamentablemente, desde hace pocos meses venimos siendo testigos de la fragilidad institucional de nuestro querido país hermano, Honduras.
Las consecuencias de la violación al orden constitucional están teniendo un precio muy alto para el pueblo Hondureño y también para toda la región.
Tras este triste pasaje, la comunidad internacional giró la cabeza hacia Centroamérica para preguntarse sobre la seriedad de nuestro compromiso democrático y nuestra capacidad para garantizar la paz y la estabilidad institucional.
Y, por supuesto, sobre la vocación en tal sentido de las Fuerzas Armadas.
He tenido oportunidad de hablar ante importantes foros internacionales y de intercambiar opiniones con grandes líderes mundiales y en cada oportunidad he destacado el rol profesional de la Fuerza Armada salvadoreña y el rol de nuestro país como garante de la paz y la democracia en Centroamérica.
Amigos, amigas, estimados subtenientes:
Como ven, sobre sus hombros descansan importantes retos y grandes responsabilidades.
Recientemente, la Fuerza Armada ha aceptado el desafío de acompañar a la Policía Nacional Civil en la lucha contra el delito y el crimen.
La ciudadanía ha recibido con beneplácito esta decisión de este Servidor y ha acogido con grandes expectativas la presencia militar en las calles.
Sé que esta decisión y vuestro desempeño traerá los frutos que buscamos, aunque sé que el camino no es corto ni breve.
Tenemos ante nosotros un enemigo armado y económicamente poderoso, pero nosotros contamos con la justicia y la resolución de hacer de nuestra pequeña pero pujante Patria un territorio libre de violencia, de delito, de narcotráfico y de criminales a sueldo.
Este es el mayor peligro que enfrenta el pueblo salvadoreño y el de toda Centroamérica. Pero es también el mayor factor de cohesión que tenemos y debemos aprovechar para estrechar aún más nuestros lazos de origen y de futuro.
Del triunfo que obtengamos frente al crimen organizado provendrá la gran oportunidad de hacer de nuestra Patria una tierra de oportunidades, de progreso y de cobijo para todos nuestros hijos e hijas.
De ese triunfo que deseamos y conquistaremos depende el porvenir de un país que ya no expulsará a sus nuevas generaciones tras un destino que no vislumbran en la tierra que los vio nacer.
Por ello, en esta oportunidad que me brindan para dirigirme a ustedes, mandos y tropas de la Fuerza Armada, quiero agradecerles el sacrificio que hacen por el país y por el pueblo.
Amigos, amigas:
No quiero terminar estas palabras sin hacer una mención particular al subteniente ingeniero René Omar Lara Chacón, que hoy recibe su despacho como oficial, después de haber cumplido con los requisitos de graduación como ingeniero civil.
El subteniente Lara es el primer graduado dentro del programa de cadetes con estudios diversos, quienes en lugar de seguir la carrera de administración militar estudian otras profesiones en universidades con las que la Escuela Militar ha realizado convenios de asistencia.
Quiero felicitarle no sólo por su excelente desempeño académico, sino también porque es el pionero de esta experiencia que esperamos se multiplique y así enriquezca el capital humano de nuestra institución castrense.
Jóvenes oficiales, como dije al principio, es un orgullo y un honor celebrar este acto tan importante para ustedes y sus familiares, que los han apoyado y que se sienten, como este Presidente, orgullosos por el logro que hoy alcanzan.
Es el comienzo de un camino que, Dios lo permita, esté coronado de éxitos, que serán los éxitos de la institución que integran y el éxito de nuestra Patria.
Oficiales que hoy se gradúan.
Qué Dios bendiga a la Fuerza Armada.
Que Dios bendiga a El Salvador.
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