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La fecunda herencia de amor al prójimo, justicia social y paz del beato Oscar Arnulfo Romero vibró este viernes 25 de septiembre en el histórico plenario de la Asamblea General de las Naciones Unidas donde los jefes de estado y gobierno de 193 países adoptaron la Agenda para el Desarrollo Sostenible hasta el 2030.

El mensaje de aliento de Monseñor Romero a los representantes de los pueblos del mundo fue llevado por el presidente de la república, Salvador Sánchez Cerén, al intervenir la tarde de ese día en la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible Post 2015, del 25 al 27, en la sede de la ONU, en Nueva York.

“Para el pueblo de El Salvador esta cumbre que definirá los destinos de la humanidad, ocurre en un año especial, el año de la beatificación de nuestro arzobispo mártir Oscar Arnulfo Romero”, afirmó el estadista.

“La beatificación de esta voz universal –subrayó- acompañará los objetivos de este encuentro mundial, pues Monseñor Romero trabajó y ofrendó su vida por los ideales de justicia y dignidad humana que hoy nos proponemos”.

El líder de la nación exhortó también a sus pares del mundo a “Que el mensaje de valentía y paz del beato Romero nos guíe también en esta cumbre y nos de impulso para construir bienestar y felicidad en el planeta”.

Y es que Monseñor Romero escrudiño el presente y futuro de El Salvador con su mirada profética y nos legó una profunda sabiduría para el cambio hacia el bien de la vida de la nación y sus gentes que sigue cobrando fuerza en la medida que pasan los años desde su vil asesinato cuando oficiaba misa el 24 de marzo de 1980.

Antes de esa fecha dolorosa para El Salvador, cuando los temas del cambio climático y el desarrollo sostenible apenas se asomaban a la agenda internacional. Monseñor nos dio lecciones y advertencias claves sobre la situación de nuestro país, asolado entonces por la brutal represión de la dictadura militar.

Y en sus homilías las encontramos con frecuencia, pese a ocupar las preocupaciones del entonces Arzobispo de San Salvador la grave crisis política, económica y social que abatía al país.

“Qué naturaleza más bella! Pero cuando la vemos gemir bajo la opresión, bajo la iniquidad, bajo la injusticia, bajo el atropello, entonces duele a la Iglesia y espera una liberación”, expresó ante el altar el 11 de diciembre de 1977.

Casi dos años después, el 3 de junio de 1979, nos advirtió:

“El arco iris con el que Dios señala a Noé la primera alianza del hombre, señor de la naturaleza, que no volverá a ser destruida por un diluvio pero que los hombres se comprometen a conservar y cuidar, a repartir justamente, a considerar los dones de Dios en la naturaleza; no para derrocharlos…, dijo.

“Es espantoso oír por todas partes… que el aire se está corrompiendo, que no hay agua, que hay regiones de nuestra capital donde el agua apenas llega por minutos y a veces nada, que los mantos de agua se están secando, que ya aquellos ríos pintorescos de nuestras montañas han desaparecido”, agregó.

Y alertó como en una profecía en 1979: “La alianza del hombre con Dios no se está cumpliendo porque el hombre es el Señor de la naturaleza y se está convirtiendo en un explotador de la naturaleza”.

Ese año nos exhortó a liberarnos “de las servidumbres de una civilización que nos incita cada vez más a la comodidad y el consumo sin siquiera preocuparse de la conservación de nuestro ambiente, patrimonio común de la humanidad… Somos víctimas de una sociedad de consumo, de lujo”.

Fue el 4 de marzo de 1979. En su Homilía del 15 de julio de ese año, nos recordó:

“La riqueza es necesaria para el progreso de los pueblos, no lo vamos a negar. Pero un progreso como el nuestro, condicionado a la explotación de tantos que no disfrutarán nunca los progresos de nuestra sociedad, no es pobreza evangélica. ¿De qué sirven hermosas carreteras y aeropuertos, hermosos edificios de grandes pisos si no están más que amasados con sangre de pobres que nunca los van a disfrutar?”.

Las sabías advertencias de Monseñor latieron este 25 en el plenario de la Asamblea General de las Naciones Unidas, para recordarles a los gobernantes de los 193 países miembros cuánto queda por hacer todavía por la paz y la justicia.

Hace cuatro años, reunidos en la Asamblea General, aprobaron el 23 de marzo de 2011 declarar el 24 de ese mes en honor a Monseñor Romero “Día Internacional por el Derecho a la Verdad en relación con Violaciones graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas”.

Este viernes 25, el presidente Sánchez Cerén retomó en el mismo escenario el legado del beato Romero, en un vibrante llamado a los líderes de los países del mundo: “Les invito a que transitemos con unidad, valor y esperanza, sin vacilaciones, de la palabra a los hechos. Eso es lo que esperan de nosotros nuestros pueblos”.

El legado de Monseñor Romero en una de las cumbres claves de la humanidad confirman las palabras del cardenal Ángelo Amato, en la ceremonia de beatificación el 23 de mayo pasado en la Plaza del Divino Salvador del Mundo:

“El Mártir Romero es por tanto luz de las naciones y sal de la Tierra. Si sus perseguidores han desaparecido en la sombra del olvido y de la muerte, la memoria de Romero en cambio continua estando viva y dando consuelo a todos los pobres y a los marginados de la Tierra”.