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Un ejercicio de gobierno tradicional descansa en una filosofía del poder según la cual lo que importa son las jerarquías –a mayor jerarquía, mayor poder— y la centralización de las decisiones estratégicas en la cúspide de aquéllas. En esa visión, un Presidente de la República, en lo que concierne al poder Ejecutivo, debe imponer sus decisiones, debe ordenar desde arriba y esperar que los demás acaten, pues al no proceder así estaría dando señales de debilidad.

Quienes conciben el ejercicio del poder de esa manera no les cabe en la cabeza que hay otras formas de ejercerlo, que son más coherentes con las exigencias de la democracia, y que en lo absoluto son un signo de debilidad, sino todo lo contrario: quien no tiene necesidad de imponerse, apelando a su jerarquía, hace gala de una fortaleza política extraordinaria.

Ahora bien, para vencer la concepción tradicional del poder (y su ejercicio) se requiere de una visión filosófica en la cual el diálogo político sea el mecanismo esencial para la toma de decisiones. Por definición, una vez que se establece el diálogo como eje del ejercicio político, se desencadenan otros mecanismos que lo complementan –como las mesas de trabajo, los consejos y las comisiones—, que animados por los principios de horizontalidad, colegialidad y pluralismo, son tres de los mejores logros de la democracia.

El Presidente Salvador Sánchez Cerén, desde su toma de posesión en junio de 2014 hasta el día de ahora, ha dado vida a un ejercicio de poder presidencial inspirado en una filosofía según la cual el diálogo político es el principal mecanismo para el debate y solución de los problemas nacionales.

Gracias a ello, se han podido sumar esfuerzos y energías ciudadanas para hacer frente grave problema de la violencia criminal –a través del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia—, lo cual pone de manifiesto lo eficaz que puede ser un espacio de concertación, si quienes participan en el mismo comparten una preocupación genuina por el destino de El Salvador.

Muchos no entienden la visión política del Presidente Sánchez Cerén; hay quienes claman por un ejercicio presidencial tradicional. No lo tendrán. Su modo de gobernar está rompiendo con los moldes heredados, que tienen un feo olor autoritario. Estamos ante un ejercicio político distinto desde la Presidencia: dialogante, forjador de acuerdos y en consulta permanente con los ciudadanos. Se trata de un ejercicio de poder presidencial inspirado en el Buen Vivir.

Luis González
Periódico Salvador Cumple