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La inauguración de la ampliación y mejoras de la Unidad Comunitaria de Salud Familiar Básica de El Mozote por el Presidente Salvador Sánchez Cerén señala con luz el regreso de la vida a los escenarios de la muerte y una de las masacres más atroces de la historia latinoamericana cometida hace 36 años.

Es mucho más, el inicio de una vida nueva donde hasta hace muy pocos años la muerte se enseñoreaba sobre la gente no con la barbarie de las balas del ejército sino en esa forma más silenciosa, triste y sin futuro que provocan la extrema pobreza, el desamparo y abandono gubernamental.

La mañana de este sábado 9 de diciembre el Presidente caminó con lugareños y parte de sus colaboradores sobre el asfalto de la nueva carretera de 3.3 que une El Mozote con Arambala, otra obra inaugurada por el estadista ese día.

Cinco años atrás estuvo en el lugar cuando era vicepresidente de la república acompañando al entonces presidente e Mauricio Funes, quien pidió perdón a las víctimas del genocidio el 16 de enero de 2012, cuando el primer gobierno del FMLN conmemoró en el lugar el 20 aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz.

Posteriormente, el gobierno implementó el Programa de Desarrollo Social Integral de El Mozote y lugares aledaños, con acciones para la reparación a los familiares de las víctimas y sobrevivientes de la masacre tras la condena al Estado salvadoreño de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en diciembre de 2012, “Este programa de reparación lo que busca es dignificar a la familia, volver el centro del desarrollo de El Mozote aquellas personas que han sufrido por largo tiempo y aunque es muy difícil reparar sus pérdidas, es importantísimo que esta zona, símbolo de lucha de El Salvador, también tenga un desarrollo integra”, afirmó el Presidente Sánchez Cerén.

“Eso es lo que buscamos con las medidas de reparación”, subrayó tras saludar a las familias de los cantones y caseríos de El Mozote, El Pinalito, Ranchería, Los Toriles, Jocote Amarillo, Cerro Pando, La Joya, Cerro Ortiz y Arambala, donde el ejército asesinó a más de mil personas en diciembre de 1981.

“El genocidio de El Mozote se mantuvo en la sombra durante años sin ser reconocido por el Estado salvadoreño”, recordó el gobernante.

“Esta fecha nos hace reflexionar sobre las terribles consecuencias del abuso del poder y nos demanda un profundo compromiso de solidaridad que debe hacerse realidad por medio de la reparación y la conservación de la memoria histórica”, agregó.

El secretario Técnico y de Planificación de la Presidencia, Roberto Lorenzana, explicó que
el programa tiene 31 medidas de carácter colectivo e individual, de las cuales 14 son ordenadas por la CIDH y 17 solicitadas por las víctimas al gobierno, que las asume también como obligatorias.

“Este programa tiene un enfoque de desarrollo integral, por ello hemos desplegado acciones de 14 instituciones en infraestructura social básica, infraestructura vial, educación, salud, desarrollo productivo, memoria histórica, vivienda, atención a personas adultas mayores, registro de víctimas y reparación económica”, precisó.

Informó que el gobierno está por completar el cumplimiento del 74 por ciento de las medidas, con una inversión superior a los 10 millones de dólares.

Las obras para el regreso de la vida a El Mozote y lugares aledaños fueron agradecidas en el acto por sobrevivientes de la masacre, entre ellas María Dorila Márquez, presidenta de la Asociación Promotora de Derechos Humanos de El Mozote, y María del Rosario López Sánchez, a quien el ejército asesinó a 24 familiares.

El sacerdote Rogelio Poncel manifestó que con el recuerdo de estos crímenes “no se trata de fomentar el odio”, pero “no podemos olvidar y legitimar lo que aquí han hecho con nuestros hermanos y hermanas. Fue una barbaridad que no tiene lógica alguna”, afirmó.

El Presidente Sánchez Cerén subrayó que todas las acciones emprendidas desde el Primer Gobierno del Cambio son para que jamás vuelvan a repetirse atrocidades como las cometidas en El Mozote y los otros caseríos.

“Nuestra labor como pueblo es la de asegurar en las nuevas generaciones una cultura de paz y tolerancia, donde se respeten las libertades como individuos y mantenga la fraternidad de hijos e hijas de una misma patria”, dijo.

“Éste es mi compromiso como presidente de la República. En memoria de todas las víctimas, continuaremos trabajando por un futuro mejor”, concluyó el Presidente.