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El éxito y avance de las fuerzas revolucionarias y progresistas que participan de este foro ha estado determinado por su capacidad de unidad política, disciplina y producción de teoría y métodos de trabajo desde su propia realidad.

Esta semana asistiremos al vigésimo segundo encuentro del Foro de Sao Paulo (FSP), es la tercera ocasión que tendrá por sede a El Salvador: 1996, 2007 y 2016. Este foro es un espacio que agrupa a la izquierda de América, con acompañamiento de personalidades destacadas de distintos países. Incluye a partidos políticos, agrupamientos y movimientos de izquierda afines en la búsqueda y generación de alternativas en su lucha contra el neoliberalismo, como adversario común, considerado antagónico con la democracia y el concepto justo del desarrollo político, económico y social. Para este propósito, antes de cada encuentro, se organizan grupos de trabajo que formulan y sistematizan informes de los avances y retos por país, además de elaborar el sustento teórico de los contenidos a discutir en cada evento.

Hace 26 años, cuando se fundó el FSP, solo en Cuba gobernaba la izquierda; mientras, otros países eran sacudidos aun por procesos de guerras civiles y gobiernos impositivos y apenas en algunos casos, como el de la guerra revolucionaria que vivió nuestro país, se ventilaban procesos de negociación política para poner fin a esos conflictos. Ahora es notoria la evolución democrática en nuestra América, el avance de fuerzas revolucionarias y progresistas; en esta corriente sumamos gradualmente y en el orden de arribo de los gobiernos de nuevo tipo a Venezuela, Brasil –bajo la lupa por el intento de quebrantamiento a la voluntad popular-, Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Perú y República Dominicana en los que son visibles las reelecciones de estos gobiernos de cambio para continuar las transformaciones. En otros países registramos avances y luego retrocesos en distintos tiempos: Honduras, Paraguay y Argentina.

América se ha convertido en este cuarto de siglo en una región viva, pujante, palpitante de cambios y transformaciones, mucho más fresca y aventajada que el viejo mundo anquilosado. Dentro de nuestra región, espacios como este foro se han convertido en herramienta para una izquierda que construye espacios para la discusión de ideas, un lugar de encuentro de la intelectualidad con una visión democrática, humanista y ambientalista transformadora; de una izquierda que lucha contra el dogmatismo, donde otrora el disenso fue motivo de divisiones y tragedias, y que aprecia en la riqueza del debate el rescate y el reencuentro con la identidad, la posibilidad del intercambio, la suma de esfuerzos para construir alianzas que abonen en amplitud y correlación de fuerzas que ameritan los cambios, sobre todo los estructurales.

El Foro es un escaparate abierto, donde cada nacionalidad, partido, movimiento político, desde su experiencia exhibe sus logros y expone sus retos. Destacan las experiencias de lucha de experimentados movimientos locales y sectoriales estrechamente vinculados a sus partidos; las capacidades de gestión en alcaldías gobernadas por la izquierda; las iniciativas de bancadas legislativas articuladas en alianza con fuerzas progresistas; la ejecución de políticas sociales en beneficio de las mayorías desde gobiernos centrales de corte revolucionario, en combinación con amplias alianzas.

En definitiva, el éxito y avance de las fuerzas revolucionarias y progresistas que participan de este foro ha estado determinado por su capacidad de unidad política, disciplina y producción de teoría y métodos de trabajo desde su propia realidad; por la flexibilidad en sus modalidades organizativas; por la correcta combinación y articulación de sus formas y modalidades de lucha según sus

condiciones; la flexibilidad y capacidad de alianzas fundamentada en el genuino interés nacional y la madurez de compartir el poder político pero sobre todo en la profundidad de análisis constante de la realidad para no perder la capacidad de reinventarse en cada periodo, siendo leal a sus propios principios y rumbo programático.

Los retos de este XXII-FSP son significativos entorno a contribuir a la paz y la convivencia pacífica en un periodo de muchos conflictos en el mundo; esto implica promover la condena de toda forma de terrorismo, incluido el de Estado. Debemos sumar conciencia y acciones encaminadas a preservar la vida, el agua, la biodiversidad y enfrentar el cambio climático; trabajar activamente en promover la democracia política, económica y social, con un crecimiento justo y equitativo, incompatible con cualquier hegemonía imperial, por lo que iniciativas potenciales como la formación del BRICS son fundamentales.

Es básica la promoción y el respeto a la soberanía, autodeterminación e independencia, así como el respeto a las culturas. Los desequilibrios en el desarrollo económico de nuestros países han generado crecientes flujos migratorios en los que debemos asegurar el respeto y protección de nuestros migrantes, evitando la discriminación y xenofobia. Es esencial la búsqueda de reformas estructurales que aseguren la continuidad de las transformaciones, principalmente con sistemas electorales fiables y modernos, y mecanismos que aseguren sociedades debida y oportunamente informadas de los asuntos públicos de interés general.

En uno de sus párrafos el documento final del FSP de 1996 en San Salvador sentenció: “Debemos ser nosotros los abanderados de valores como la honestidad, la verdad, la sencillez, la transparencia, el respeto de lo colectivo, lo autónomo y lo solidario, la búsqueda para encontrar y que prevalezca la verdad y el interés mayoritario”. Una vez más nos vemos cara a cara con este reto y no podemos obviar el compromiso.

Martes, 21 de mayo del 2016