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La plaza del monumento al Divino Salvador del Mundo, en la capital salvadoreña, es hoy el epicentro de un acto que marca la historia del país: la beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo mártir salvadoreño asesinado por predicar el amor al prójimo y denunciar la injusticia social.

 

La convocatoria ha sido masiva desde tempranas horas del día. La plaza y sus alrededores lucen abarrotados de gente proveniente de todos los rincones de El Salvador y de otros países, católicos y no católicos, en una escena que se repite a lo largo de 57 cuadras en la capital.

 

“Hay mucha gente, estamos apretados pero bendecidos, porque ha venido gente de otros países,  de nuestros hermanos centroamericanos”, dijo María Rivas, salvadoreña residente en Los Ángeles, Estados Unidos, de visita en el país para presenciar en primera fila la beatificación de monseñor Romero.

 

“En Los Ángeles lo recordamos bastante”, agrega esta salvadoreña, sentada en una silla desmontable, para asegurar su lugar frente al templete desde donde el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos de la iglesia Católica, oficia desde las 10.00 a.m. (hora local) la eucaristía de beatificación.

 

Los vítores dedicados a monseñor Romero y las pancartas que exhiben fragmentos de sus homilías se extienden a lo largo de la multitudinaria celebración.

 

“Para nosotros es un honor, es una gran alegría estar aquí, porque sabemos que monseñor Romero es un profeta, mártir y casi santo para nosotros, que es propio de nuestra tierra”, aseguró el seminarista Óscar Daniel López Sandoval, de 25 años, proveniente del seminario Santiago Apóstol, en Santiago de María, Usulután.

 

“Vemos cuánta gente viene de todo el mundo ¿y por qué no participar nosotros? ¿y por qué no depositar también esa alegría que sentimos”, añadió.

 

El legado de monseñor Romero trasciende fronteras. Entre la multitud se distinguen peregrinos de otros países, desde Guatemala, Honduras y Nicaragua, vecinos de El Salvador, ondeando las banderas de sus países, hasta de lugares remotos, del sur y norte del continente.

 

Al acto acuden también delegaciones de los gobiernos de distintos países. Junto al presidente Salvador Sánchez Cerén, los jefes de Estado de Ecuador, Rafael Correa, de Panamá, Juan Carlos Varela, y de Honduras, Juan Orlando Hernández, están presentes en el acto.

 

También hay delegaciones oficiales de Cuba, Costa Rica, Guatemala Belice y Venezuela que se han unido a la celebración.

 

“Romero valiente, el pueblo está presente”, ha sido una de las consignas que más ha replicado la multitud previo a la eucaristía de beatificación.

 

La celebración ha comenzado desde el pasado 3 de febrero, cuando se conoció que el papa Francisco había firmado el decreto declarando a monseñor Romero mártir de la iglesia Católica, asesinado por odio a la fe, convirtiéndose así en beato, el último paso antes de la canonización.

 

“Es mi primera experiencia de peregrinación, pero tenía que estar aquí”, aseguró Héctor Antonio Medina, miembro de la parroquia de Santa Rosa de Lima, en el departamento de La Unión, al oriente del país.

 

Salió de su casa a media noche para poder estar presente en la plaza. Mientras habla, sostiene en lo alto un cuadro de monseñor Romero, en el que se lee “San Romero de América”.

 

“En la figura de monseñor Romero, Jesucristo ha pasado por aquí, por El Salvador”, asegura Héctor.

 

 

 

San Salvador, 23 de mayo de 2015.