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  • El primer Santo salvadoreño, martirizado el 24 de marzo de 1980 cuando celebraba la Santa Misa, fue elevado hoy a los altares. El Papa Francisco reconoció la obra de amor y entrega a los pobres de este salvadoreño universal que ofrendó su propia vida por hacer realidad el Evangelio de Jesucristo.
El Presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, junto a la Primera Dama Margarita Villalta de Sánchez asistieron hoy a la histórica ceremonia de canonización del beato Óscar Arnulfo Romero, símbolo de unidad, paz, amor y justicia social, quien fue martirizado el 24 de marzo de 1980.
El obispo salvadoreño recibió el más alto reconocimiento de la Iglesia en la Plaza de San Pedro, en Roma, tres años después de su beatificación. Junto a él fueron elevados a los altares otros seis beatos más.
En la fachada de la Basílica de San Pedro se lucían las imágenes de los siete religiosos que han sido proclamados santos en esta celebración oficiada por el Papa Francisco, y que ha congregado a mes de feligreses de diferentes partes del mundo.
 “Los inscribimos en el Catálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia 
sean devotamente honrados entre los Santos”, dijo el Papa Francisco al pronunciar la fórmula de canonización en la que los sietes beatos, entre ellos San Romero, fueron elevados a los altares.
Paralelo a este momento, las campanas de las iglesias católicas en El Salvador repicaron al unísono, y los fuegos artificiales encendieron el cielo demostrando el júbilo del pueblo salvadoreño por el reconocimiento dado a San Romero, pastor que hizo vida el evangelio y ofrendó su vida por la justicia social y el amor a los más necesitados.
En su homilía el Papa Francisco manifestó que es “hermoso” que junto a Pablo VI y demás Santos, se encuentre San Romero, quien “dejó la seguridad del mundo para entregar su vida siguiendo el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón puesto en Jesús y sus hermanos”.
Durante un mensaje transmitido por cadena nacional en la víspera, el Presidente nchez Cerén aseguró que Monseñor Romero es el salvadoreño más universal y un símbolo de unidad para el país, cuyo testimonio y obra viven en el pueblo y guían a las nuevas generaciones.
Aseguró que su canonización, por Su Santidad el Papa Francisco, es una fecunda fuente de inspiración “que nos impulsa a continuar consolidando la paz, la unidad y la justicia social”.
“Monseñor Romero, la voz de los sin voz, el pastor bueno, fuente de justicia y verdad, fiel al evangelio, sigue vivo en su pueblo, que construye desde sus comunidades una sociedad inclusiva, solidaria y en paz”, dijo el gobernante.
Manifestó que casi cuatro décadas después de su martirio su mensaje de amor y justicia resuena más potente que nunca por todo el mundo.
“Monseñor Romero es una de las personalidades más grandes y universales en la defensa de los derechos humanos. Es el santo de los pobres, de los que sufren injusta persecución y quienes exigen ser escuchados”, manifestó.
Para el dignatario la identificación de San Romero con las poblaciones más vulnerables, su enérgico rechazo a la violencia, su valiente defensa de las víctimas son ejemplos para millones de personas que luchan por la dignidad humana.
“Es universal y perenne su llamado a la paz, a la no violencia, a la fraternidad entre los seres humanos y a trabajar, inspirados en Dios, por el mejoramiento de la calidad de vida de todas las personas y la preservación de este planeta que nos abriga”, dijo el jefe de Estado.
Ciudad del Vaticano (Roma), 14 de octubre de 2018.