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Este día, como ya lo expresaba el señor secretario de Cultura, asistimos a un acto sin precedentes en nuestra historia nacional. Nunca antes el Gobierno de la República de El Salvador se había dado a la tarea de publicar el Informe de la Comisión de la Verdad, denominado “De la Locura a la Esperanza: la Guerra de los Doce Años en El Salvador”.

Poner fin a esos doce años de conflicto significó una conquista para nuestro pueblo y una lección de reconciliación para la humanidad. Pero era necesario que ese proceso de paz se impulsara con base en el respeto y promoción de los derechos humanos.

Con la firma de los Acuerdos de Paz nace la Comisión de la Verdad para El Salvador, presidida por reconocidas personalidades de nuestro continente. Más allá de la investigación de hechos graves de violencia, el propósito estratégico se orientaba hacia el establecimiento de un precedente histórico para que nunca se repitan esas situaciones.

El artículo 2 del Acuerdo de Chapultepec es claro en su mandato a la Comisión de la Verdad, textualmente dice: “tendrá a su cargo la investigación de los graves hechos de violencia ocurridos desde 1980, cuya huella sobre la sociedad reclama con mayor urgencia el conocimiento público de la verdad”.

El 15 de marzo de 1993 se dio a conocer este importante documento de nuestra historia reciente. Era la obligación de los subscritores de la paz comprometernos con su divulgación. Sin embargo, los gobiernos que se sucedieron a los Acuerdos de Paz fueron indiferentes a su saber y su deber.

Gracias al esfuerzo de diferentes organizaciones y de sectores académicos, el Informe siguió publicándose hasta la fecha.

Sin lugar a dudas vivimos un nuevo tiempo en nuestro país. Hoy,  veintiún años después de haber sido publicado por primera vez, el Informe de la Comisión de la Verdad es presentado por el Gobierno de la República de El Salvador.

En concordancia con el respeto a los derechos humanos que predicamos y vivimos. En honor a la verdad. En honor a las miles y miles de compatriotas cuya sangre no puede ser ignorada.

Hoy el Gobierno de la República asume completamente su responsabilidad de dar a conocer a cada ciudadano y ciudadana la verdad sobre los hechos ocurridos en este tramo de nuestra historia.

Reconocemos el valor de la memoria histórica, como elemento indispensable para una sociedad que quiere comprender su presente y construir en unidad de un mejor futuro para El Salvador.

Tal como lo dice el Informe, es necesario “que esa paz nueva esté fundada, levantada, edificada sobre la transparencia de un conocimiento que diga en público su nombre”.

No podemos enterrar el pasado, no podemos ocultar la verdad. La constante reflexión sobre los hechos que han ocurrido en nuestra historia son los que nos definen como país y nos marcan el camino por el cual seguir.

Para que no corramos el riesgo de repetir antiguos errores, hoy acercamos sin remiendos a esta y las futuras generaciones un significativo documento de nuestra historia.

Es difícil aceptarlo, pero casi todos los pueblos del mundo que se han propuesto alcanzar grandes transformaciones, han tenido que pasar por transiciones dolorosas de grandes costos humanos.

La Comisión de la Verdad acertó absolutamente con el título que eligió para este valioso informe: “De la Locura a la Esperanza”. Locura: porque es sorprendente hasta donde puede llevarnos la injusticia y la pobreza en contraposición al deseo inquebrantable por alcanzar verdadera libertad y progreso. Esperanza: porque está comprobado que el ser humano tiene la capacidad de creer, luchar y esperar siempre un mañana mejor.

El Informe de la Comisión de la Verdad es un verdadero recordatorio de lo valiosa que es la paz. Será siempre nuestro deber trabajar para que nunca más vuelvan a ocurrir este tipo de violaciones contra los derechos humanos en nuestro país y el mundo. Será siempre nuestro orgullo construir y mantener un país completamente diferente al que fue.

No podíamos publicar en una mejor fecha el Informe de la Comisión de la Verdad. Hoy se cumplen 33 años de la Declaración Franco-Mexicana de Reconocimiento al FMLN-FDR. El 28 de agosto de 1981 Francia y México se manifestaron en solidaridad con nuestro pueblo por la grave situación que atravesábamos.

Ambos Gobiernos conscientes de la necesidad de cambios fundamentales en el campo social, político y económico de nuestro país, reconocieron a la alianza del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y del Frente Democrático Revolucionario (FDR) como una fuerza política representativa del pueblo. Ellos creyeron en nuestra capacidad para asumir las obligaciones y derechos de una fuerza política que planteaba cambios estructurales para el país.

A la vez hacían un llamado a la comunidad internacional para actuar a favor de la población civil salvadoreña y se facilitara el acercamiento entre las fuerzas políticas en pugna.

En nombre del Gobierno y en representación del pueblo salvadoreño, reconozco y valoro el noble gesto que tuvieron estas dos naciones hermanas a favor de la paz interna de nuestro país.

La importancia de este importante documento que hoy publicamos se arraiga en su fuerte compromiso con la verdad. Su difusión es indispensable, para que sobre la base de la confianza y la honestidad sigamos construyendo el país que todos queremos.

No puede haber paz y reconciliación saludable si hay olvido. No puede haber futuro prometedor si enterramos el pasado.

Una vez más nuestro Gobierno manifiesta su compromiso con una visión de cambio para nuestro país. Nuestro deseo es seguir forjando una nueva sociedad más libre y desarrollada.

Es indispensable para nuestro pueblo, que se levanta con decisión hacia el futuro, hacer un digno reconocimiento a la dignidad de las víctimas del Conflicto Armado.

Es necesario que como nación nos unamos y comprometamos a honrar la vida de aquellos que murieron pidiendo paz y libertad.

Que el sacrificio de miles de salvadoreños y salvadoreñas siga iluminando nuestro camino hacia la construcción de una sociedad más democrática, inclusiva y solidaria.

Con la Firma de los Acuerdos de Paz, el pueblo salvadoreño envió un mensaje de esperanza y amor al mundo. Demostrando que es posible alcanzar grandes acuerdos sobre la base de la sinceridad.

Hoy nos corresponde escribir un mejor presente. Un presente del cual no tengamos que avergonzarnos nunca. Que las próximas generaciones vean hacia el pasado y valoren los actos de valentía y responsabilidad que hoy llevamos a cabo.

Para que nunca más se vuelvan a repetir estos graves hechos que cobraron la vida de miles de nuestros hermanos y hermanas.

Que la publicación del Informe de la Comisión de la Verdad sea símbolo de un pasado que no queremos volver a repetir.

 

Muchas gracias.