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En el área de cuidado materno infantil del Hogar del Niño San Vicente de Paúl el mañana respira, patalea dentro de las cunas, hace intentos de voz y juega en medio de los peluches y del ir y venir de sor Leticia Abarca, una de las hermanas de la Compañía de las Hijas de la Caridad que está a cargo del hogar.

En esta área hay 24 niñas y niños de entre cero y dos años, aunque sor Leticia aseguró que tienen capacidad para albergar a otros 26 más.

“Él vino bien chiquitito”, dijo mientras sostiene en sus brazos a uno de los bebés de menos de un año, quien ignora por completo los motivos que lo llevaron a ser parte de la gran familia que conforma este centro de acogimiento.

Más allá, al lado de una de las cunas, un invitado especial no podía evitar sonreír ante el encanto que irradiaban cada una de estas 24 niñas y niños. Es el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, quien visitó el hogar el pasado 3 de octubre,  y compartió un momento de diálogo y esparcimiento con los  110 menores de edad acogidos actualmente el Hogar del Niño San Vicente de Paúl.

Lo acompañaba su esposa, Margarita Villalta de Sánchez –Primera Dama y directora presidenta del Instituto Salvadoreño de la Niñez y Adolescencia (ISNA)–, quien cargaba a otro de los niños en brazos, distraído por completo en la medalla de la Virgen que ella llevaba en su cuello.

No es solo una visita para intercambiar sonrisas: es un suceso sin precedentes en este centro de acogimiento que forma parte de la red del ISNA, el cual reafirma el compromiso hecho por el gobernante salvadoreño cuando asumió la Presidencia: trabajar por el bienestar de la niñez y adolescencia del país.

Otras niñas y niños del hogar tuvieron la oportunidad de desayunar con el presidente y su esposa antes de su ingreso al área materno infantil.

Ambos ayudaron a servir los alimentos. Al mandatario se le vio ir y venir de la cocina a la mesa en busca de los platos de comida, colocándolos frente a las niñas, frente a los niños, todas y todos víctimas de determinadas circunstancias que los han llevado a este hogar.

“Estar con ustedes es también estar felices, estar alegres”, les dijo el presidente.

Sor Rosa del  Carmen, directora del Hogar, fue la vocera de las niñas y niños. En su nombre agradeció al presidente y a su esposa por la visita y la atención que desde el gobierno se le está dando a este sector de la población, uno de los más vulnerables.

“Necesitan  de una familia, de un amor, de una atención  muy especial, porque son el futuro de nuestro país, son los futuros ciudadanos”, aseguró.

El presidente Sánchez Cerén comparte esta visión, y ha reiterado que trabajar por la niñez y la juventud es uno de los ejes fundamentales en su gobierno.

“El bienestar de la niñez y de la juventud es el bienestar de toda la sociedad”, dijo en su discurso de toma de posesión; “tenemos que dar oportunidades a las niñas y niños de salud y educación”, aseguró tras su reunión con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para abordar la crisis humanitaria de la niñez migrante no acompañada, en julio pasado; “si no les damos un futuro tampoco va tener El Salvador un futuro”, subrayó frente a los niñas y niños del hogar.

La hermana Rosa del Carmen aseguró que en los últimos años El Salvador ha experimentado cambios para bien en torno al desarrollo de las niñas y niños, principalmente gracias a la implementación de la Ley de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia (LEPINA) que el gobierno y los demás Órganos del Estado ejecuta.

“Hay más protección para los niños, se han creado Juntas de Protección también y han abierto escuelas de formación; la nuestra está en ese edificio amarillo, ahí vienen habitantes de varias comunidades a recibir capacitación sobre los derechos de las niñas y niños”, comentó sor Rosa luego del desayuno.

En la sección materno infantil del Hogar de Niños San Vicente de Paúl todo ese esfuerzo se traduce en 24 sonrisas.  “Vos sos fotogénico”, le  dijo el mandatario a uno de los bebés, de sonrisa amplia y piernas inquietas, mientras lo sostenía en sus brazos.

El presidente lo regresó a su cuna. Más allá otro niño, que rozaba los dos años, exhibía frente a los presentes algunos de sus primeros pasos, tambaleantes pero decididos. Aquí el futuro es irreversible y ha comenzado a caminar.