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La magna obra del rescate de nuestro Acelhuate, a la par de la superación del ciclo de violencia, la recuperación económica y la apuesta por la educación, son el símbolo del compromiso nacional por heredar un mejor país a las nuevas generaciones.

Nuestra sociedad día a día construye la agenda que resume su propia expectativa de progreso, volviéndose cada vez más madura, informada y exigente de una mejor calidad de vida, en el contexto de sus propios retos, capacidades, y en el empoderamiento y conciencia de sus derechos. Semana a semana vemos en redes sociales, y en la cobertura de los medios de comunicación, temas como la falta de agua potable, ya sea por falta de cobertura del servicio, por su insuficiencia en cantidad o calidad. Todo esto genera acciones movilizadoras y reacciones mediáticas, que dicen mucho del estado de ánimo de la gente.

El suelo patrio que heredamos, proporcionalmente tuvo -en relación a nuestra limitación territorial- la suficiente cobertura hídrica, necesaria para un desarrollo sustentable y armónico. Ha sido la falta de un modelo de desarrollo justo, equilibrado, equitativo y sostenible, lo que echó al traste un correcto aprovechamiento de la disponibilidad de estos recursos, poniendo en riesgo –a estas alturas- nuestras posibilidades de desarrollo económico, social y ambiental, cuestionando incluso nuestra propia viabilidad.

Al revisar el inventario de ríos del país con sorpresa advertí que no está incluido el Río Acelhuate; claro, el énfasis de la información gira en torno a promover las bellezas naturales, por lo tanto con vergonzante disimulo se aparta y esconde al que hasta ahora fuera el agónico, pestilente, nauseabundo y panorámicamente triste Río Acelhuate.

De la responsabilidad con que asumamos el manejo del agua, del grado de conocimiento, dominio y conciencia sobre la naturaleza que nos rodea depende nuestra vida y las posibilidades de desarrollo. Es cierto que la mayor parte del espacio terráqueo está ocupado por agua, aproximadamente el 71 por ciento del volumen planetario; sin embargo, el 97.5 por ciento es salada de océanos y mares, con altísimos costos del proceso de desalinización para consumo, solo al alcance de países ricos. Entonces, del total hídrico del planeta, solo el 2.5 % es agua dulce y la mayoría del precioso líquido indispensable para la vida está congelada en los casquetes de los polos, glaciares y montañas nevadas.

De la poca agua disponible y superficial una buena parte está en ríos y lagos, en la humedad que conservan los suelos, o subterránea -entre tres y cinco kilómetros de profundidad-, lo que dificulta y encarece los costos de extracción. Además, se calcula que en la atmósfera terrestre se mantiene un promedio de 14 mil kilómetros cúbicos de vapor de agua se precipitarán de acuerdo a la evolución del cambio climático y a los ciclos de lluvias de cada latitud, con los consecuentes costos y beneficios, imponiéndonos la responsabilidad de desarrollar una política, infraestructura y programas para el efectivo manejo y aprovechamiento de estas aguas lluvias. Por las características topográficas, El Salvador debería hacer un mejor aprovechamiento de este recurso.

Nuestro territorio se compone de 58 cuencas hídricas en las que se descarga anualmente alrededor de 20 millones de metros cúbicos de agua. Como parte de este sistema, el cauce del Río Acelhuate y sus afluentes -Las Cañas, El Tomayate, El Piro, El Ilohuapa, Guazapa, Tasajera-, nacen de zonas de recarga del Cerro San Jacinto y la cordillera del Bálsamo; a su recorrido se suman las quebradas de Montserrat, Arenal de Mejicanos, Tutunichapa, entre otros. Esta ruta compromete a la región metropolitana y municipios aledaños: San Marcos, Antiguo Cuscatlán, Santa Tecla, San Salvador, Mejicanos, Soyapango, Ciudad Delgado, Cuscatancingo, Ayutuxtepeque, Tonacatepeque, Guazapa, San Martín, Apopa, Nejapa, Aguilares, Suchitoto, San José Guayabal y Oratorio de Concepción. El impacto social de este cauce afecta a 1,235,451 habitantes; es decir, el 24,1 por ciento de la población nacional.

Actualmente el Ministerio de Medio Ambiente está comprometido con limpiar y recuperar significativamente en diez años el Río Acelhuate. Este esfuerzo antes había sido propuesto por políticos de distinto signo que disputaban el gobierno capitalino. Hoy con suficientes estudios de ONU-PNUD y Fusades esperamos que esta campaña sea de interés nacional. Hay toda una ruta de compromisos por la instalación de plantas de tratamiento con fondos de cooperación española y del Banco Mundial, y en dos años las empresas comprometidas deberán construir las propias. Este esfuerzo involucra a todos en el manejo de desechos sólidos, separación de basura, jornadas municipales y comunales de limpieza de cauces y quebradas, así como programas gubernamentales para el manejo de aguas lluvias y la reforestación en las zonas de recarga y riberas de los cauces.

La magna obra del rescate de nuestro Acelhuate, a la par de la superación del ciclo de violencia, la recuperación económica y la apuesta por la educación, son el símbolo del compromiso nacional por heredar un mejor país a las nuevas generaciones. Revitalizar y reivindicar este río significa movilizar un país, asumir que han sido nuestras responsabilidades de consumo, inequidad, falta de justicia y de conciencia ambiental los que le llevaron al estado agónico y de postración del que hoy empieza a salir. Hagámoslo juntos y seamos parte de este milagro de vida de todos para todos.

martes, 23 de Agosto de 2016