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  • Social y políticamente el resultado es claro y contundente, no tiene discusión, sino atención y comprensión, exige la inmediata adopción de medidas de respuesta concretas, tanto desde nuestro Gobierno como del partido.

Las elecciones de este 4 de marzo exigen una reflexión integral y meticulosa para todos, especialmente para quienes seguimos paso a paso la evolución política del país y de manera anexa del sistema y procesos electorales, trascendiendo de la mera apreciación coyuntural de correlación de ganadores y perdedores a la esencial medición jurídica y política, razón de ser de este tipo de competencia.

Social y políticamente el resultado es claro y contundente, no tiene discusión, sino atención y comprensión, exige la inmediata adopción de medidas de respuesta concretas tanto desde nuestro Gobierno como del partido; a mi criterio, más allá del porcentaje de participación del electorado, que está dentro de los cánones históricos de participación electoral, es un mensaje del soberano presente y ausente que se expresó con suficiente claridad.

Será el escrutinio definitivo, realizado bajo escrupuloso compromiso el que determine con precisión la cuota de poder legislativo y municipal que corresponde a cada fuerza contendiente, ya que en este resultado las principales fuerzas no perdemos ni ganamos todo, pero en nuestro caso como izquierda tendremos una cuota muy disminuida. La interpretación de este contundente veredicto queda para la rigurosa evaluación y autocrítica del desempeño de quienes asumimos responsabilidades de gobierno, y más aun para quienes cumplimos misiones de conducción partidaria.

Este resultado de ninguna manera se debe tomar de forma lapidaria o apocalíptica, debemos enfrentarnos a nuestros propios errores y reconstruir escuchando y atendiendo a la gente, incluida nuestra propia base, ya que en apenas diez meses estaremos celebrando la elección presidencial, y mal harían quienes desde ya se consideren ganadores  desestimando la inmensa sabiduría y picardía de este pueblo.

Esta elección legislativa y municipal de antemano nos impuso diferentes retos. Para el TSE uno significativo fue superar las dudas sobre la pronta integración y efectividad de las 9422 Juntas Receptoras de Votos, lográndolo en un cien por ciento; aunque con un desplome previsible de retraso entre una y hasta dos horas para el inicio de la votación, tanto por la apertura de los centros como por la normal lentitud inicial que muestra toda curva de aprendizaje hasta lograr en equipo el dominio del proceso.

Al final fue totalmente exitoso, se garantizó el 100 % de instalación de los Centros de Votación y de las JRV, resultado fundamental la estrategia de capacitación del TSE que logró formar alrededor de ciento diez mil personas a través de métodos presenciales y virtuales. También es necesario reconocer el músculo, sabiduría y experiencia de los partidos más experimentados que desde las jefaturas de centro de votación supieron apuntalar y concertar el funcionamiento, estabilidad, garantías y equilibrios del sistema electoral, aspecto esencial que no se debe desestimar en el futuro, porque equilibra y garantiza la expresión definitiva del soberano.

Por fin, la decisión correcta, aunque riesgosamente tardía del Tribunal, seleccionando una empresa robusta que asegurara la transmisión y publicación de resultados de manera fluida y fiable, con la adición del respaldo de la tecnología de los escáner donados por la hermana República de Corea, sumaron seguridad, certeza, transparencia y confianza que superó las dudas padecidas en las elecciones de 2015. Este aspecto confirma la ruta de invertir y continuar la modernización tecnológica de las propias capacidades en procesos electorales futuros, sabiendo distinguir la parte de los procesos que se deban y puedan encomendarse a terceros calificados bajo estricto control del Tribunal.

Otro reto significativo que no solo dependía del TSE era la seguridad pública para la protección del proceso electoral, reconocemos la labor encomiable de más de 23 mil policías y cerca de 16 mil elementos de las Fuerzas Armadas que garantizaron la tranquilidad del proceso electoral.

Una prueba del éxito del plan de seguridad fue que tanto el día previo como el domingo 4 de marzo solo tuvimos que lamentar una víctima fatal en cada uno. De todas maneras es necesario recoger información para una evaluación rigurosa, determinando el grado de influencia, presión o coerción de estos grupos criminales para el ejercicio del sufragio, sobre todo por los antecedentes conocidos de presumibles pactos de políticos en contienda con estos grupos.

Es claro que las reformas electorales apresuradas efectuadas a partir de sentencias judiciales, no solo pasaron por alto el criterio del TSE como máxima autoridad en materia electoral, además han complicado y encarecido la organización y administración de estos eventos, sin lograr aportar mayores niveles de confianza, agilidad o modernidad que abone en mayores niveles de participación que no solo depende de los contendientes sino de la formación cívica democrática de los electores. Debemos analizar las reformas que podrían contribuir a una correcta y natural evolución del sistema y procesos electorales. Debe distinguirse en este caso una agenda de cambios posibles en el corto plazo de la inmediatez de la siguiente elección.

Hay mucho por reflexionar.