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Iniciamos un nuevo año y es pertinente, tal como hacemos en el seno familiar, pasar revista a los logros obtenidos, tanto de los aspectos materiales que mejoran las condiciones de nuestro ambiente de vida, como de los formativos y académicos que nos abren oportunidades de progreso; también, evaluar el estado de aquellos intangibles que cohesionan nuestra convivencia espiritual, moral, ética, social y familiar, sobre todo lo afectivo, sin lo que pierde razón todo lo material que nos rodea, desmoronando el entorno apenas a un rimero de libros esparcidos, cemento y hierro retorcido, hueso, tendones y carne sin sentido.

De la misma manera, necesitamos una apreciación colectiva del estado de nuestra nación. Nos ocupamos durante diciembre de evaluar las principales áreas de desempeño, particularmente las mejoras alcanzadas en materia de seguridad, los progresos económicos y los avances en la agenda social. Entonces, es imperativo centrar ahora la atención en las expectativas, propósitos y rumbo del año naciente, que estoy convencido deberá caracterizarse por alcanzar un mayor nivel de participación y compromiso ciudadano en todos los órdenes, que en definitiva redunde en mayores niveles de movilización constructiva y estimule una mayor organización social.

La seguridad pública es el tema cotidiano más relevante y de preocupación inmediata, por lo que conviene trazar lo prioritario. Para lograr una mejor percepción y confianza en materia de seguridad, debemos generar un mayor y permanente control de aquellos territorios más afectados por la criminalidad, creando a la vez barreras que permitan salvaguardar y consolidar zonas medianamente tranquilas.

Además, es necesario un efectivo y eficiente trabajo de prevención -con un alto nivel de coordinación y cooperación institucional-, recursos necesarios que garanticen nuevas oportunidades académicas, formativas, recreativas y de sana convivencia para los jóvenes en situación vulnerable, que de paso gocen de mucha credibilidad y confianza de la ciudadanía; pues la prevención social integral es el mejor antídoto para evitar la proliferación de la criminalidad.

Si en la sociedad nos ponemos de acuerdo en una forma de organización y participación ciudadana -en el entendido de que la seguridad, el control y la prevención en la comunidad, no solo es responsabilidad de gobierno sino que es tarea de todos-, el cumplimiento de los propósitos trazados puede adelantarse. Para ello es muy valioso definir los límites del diseño de un marco legal rector surgido de un acuerdo nacional que delimite políticas con genuino sentido ciudadano, distante de las pasiones partidarias, que bajo un irrestricto enfoque de derechos humanos garantice el control territorial ciudadano y la prevención como tarea social.

Decidir la manera de participación ciudadana es relevante, pues el control territorial en un estado democrático de derecho no puede concebirse solo como un asunto de seguridad policial. La sociedad tiene derechos y deberes en el ámbito comunitario. Un ejemplo de esta forma de organización y acción social es nuestro efectivo sistema de protección civil que ha logrado articular instituciones de gobierno, municipalidades de todo signo ideológico, organizaciones no gubernamentales de socorro y las propias comunidades.

En el terreno de la salud es muy importante toda la inversión que actualmente se realiza de nueva infraestructura, equipamiento e insumos médico-hospitalarios del sistema público, tarea que fue relegada durante varios años y en la que apenas nos ponemos al día en esta década. Se debe potenciar el esfuerzo de la prevención para anticiparnos y mejorar la calidad de vida de la población, volviendo más efectiva la medicina curativa al reservarla para los casos estrictamente necesarios.

Lo expuesto implica mayor cultura, movilización y organización en materia de prevención de la salud, lo que se encuentra íntimamente relacionado con: inversiones, manejo y  cuido del agua potable como factor de vida; la promoción de los chequeos médicos de rutina y preventivos; el control permanente de las dolencias crónicas como hipertensión, diabetes u obesidad, en las que los estilos de vida sedentarios y los malos hábitos de nutrición tienen estrecha responsabilidad.

Asimismo, si la tarea de la educación es el reto más importante del periodo para nuestro desarrollo integral y la inserción exitosa en un mundo desarrollado, además del claro impulso del “Plan El Salvador Educado”, necesitamos hacer de cada escuela un eje movilizador de toda la energía comunitaria y municipal posible para mejorar el “hábitat” escolar; es decir: la seguridad de los centros educativos, su entorno ambiental, el mejoramiento y reparaciones constantes de la infraestructura y, sobre todo, la calidad de la convivencia entre el alumnado, docentes, padres y madres de familia y el conjunto de la comunidad.

Movilizar, organizar y generar conciencia y verdadero control del mundo que nos rodea es tarea de todos, no miremos a los lados para tratar de quitarnos una responsabilidad. Asumamos lo que nos toca y trabajemos juntos por un buen año 2017.