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Alejandra Álvarez aparenta más juventud de la que posee. Con 20 años, su apariencia es de menos de 18. A sus 20 años también ha conseguido graduarse de un técnico en gastronomía, en un instituto tecnológico, cerca de la capital, San Salvador.

“Yo creo que cualquiera puede cocinar, el punto es que no cualquiera sabe cómo hacerlo”, dice Alejandra, mientras echa un vistazo a la amplia cocina desde donde conversa con un periodista. A su lado, sobre una mesa, su uniforme de cocinera complementa la estampa.

“La idea es presentar cursos de cocina variados para las personas, porque la verdad, literalmente, lo importante es enseñar las técnicas de la cocina”, agrega.

Alejandra se refiere a uno de los cursos que se impartirán en el Centro Integral para la Prevención de la Violencia en la Juventud Vulnerable, inaugurado por el presidente Salvador Sánchez Cerén este viernes 29 de agosto en la ciudad de Ahuachapán, a 100 kilómetros de la capital.

La joven vive en esta ciudad. Según cuenta, luego de haber cursado sus estudios de bachillerato, su amor por la cocina la llevó a mudarse a San Salvador con el apoyo de sus padres. La capital fue el único lugar en donde encontró una institución educativa que cumpliera con sus aspiraciones.

Apenas se graduó hace unos meses, en junio pasado. “Ahorita, la verdad, solo he venido como aspirante para el trabajo, pero aún no me han dado el puesto”, explica.

Durante la inauguración del Centro –que ha contado con el apoyo de la cooperación de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA), la Alcaldía Municipal de Ahuachapán y Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE) –, se le ha pedido a Alejandra que esté presente junto a un grupo de jóvenes, quizás sus futuros alumnos, para dar una muestra de cómo funcionarán en adelante los cursos que ahí se impartirá a los jóvenes.

“No estaba en mis planes intentar regresar, sino que de un solo era quedarme allá, en San Salvador, trabajando. Siento que a varios les pasa eso, estudian carreras que no son muy comunes, pero nunca las llegan a realizar en donde viven”, cuenta Alejandra.
Luego añade con convicción en su voz: “Yo siento que lo que más hace falta aquí es algo así como una iniciativa, una inversión, y que la gente se ponga a trabajar acá”.

Precisamente las oportunidades para los jóvenes en el país fue el tema central del discurso del presidente Sánchez Cerén durante la inauguración del Centro.

“Queremos que los jóvenes de El Salvador sean mujeres y hombres críticos, activos, independientes, capaces de incidir positivamente en la vida nacional y el desarrollo integral de la nación”, dijo el mandatario.

“Su inclusión –añadió– es fundamental para lograr los cambios que estamos buscando para nuestra sociedad”.

El tema de la inclusión y desarrollo de los jóvenes ha estado en la agenda del gobernante durante sus primeros 100 días de gobierno, prioridad que se mantendrá durante el resto de su administración, según ha confirmado en varias oportunidades.

Los datos demográficos del país así lo exigen: De acuerdo a la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de 2013, elaborada por la Dirección General de Estadísticas y Censos, el 56.2% de la población en El Salvador es menor de 30 años.

No es casual que el Presidente insista en que la palabra joven es sinónimo de desarrollo. Es una palabra que él considera importantísimo que sea escuchada.

“Nos hemos acostumbrado a quererles dar recetas a los jóvenes y no les dejamos que expresen su voz, que se expresen como son, los jóvenes están viviendo una época diferente, una civilización diferente, y quieren ser actores de la sociedad y quieren tener liderazgo en la sociedad”, aseguró el mandatario.

Pese a las dificultades, Alejandra ha tomado el sartén por el mango: Ha decidido regresar y aspirar a un empleo que le permita las oportunidades de desarrollarse en la ciudad que la vio nacer. No es la única joven en el país con esta convicción.

“Yo a veces digo que a uno no le pueden enseñar a hacer una receta, porque la verdad uno puede hacer miles de recetas, pero si una receta trae varios nombres técnicos, uno no sabe qué hacer”, explica Alejandra, adentrada en su rol de cocinera.

“Se necesita aprender las técnicas de cómo cocinar, con recetas obviamente, y de ahí la gente es la que las aplica para fabricar sus propias recetas”, asegura esta joven que pronto podría compartir sus recetas con la juventud de Ahuachapán.