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En un ambiente de fiesta, fraternidad y sentido de nación, celebramos los ciento noventa y cinco años de independencia. Unido el país avanza, ese es el lema que hemos escogido para esta importante fecha, cuando nuestra identidad, nuestra historia y nuestros sueños como país brillan con más esplendor.

Azul y blanco, esos son los colores que nos identifican como salvadoreños y salvadoreñas. También nos caracteriza nuestro respeto a los símbolos patrios.  Y en este día unimos todos estos elementos para cantar orgullosos a nuestra patria. Niñas, niños, jóvenes y adultos, unidos como una sola familia. Esta es nuestra fiesta.

Nuestro saludo fraterno a todo el pueblo salvadoreño. Este saludo va más allá de los 14 departamentos que componen el territorio nacional. Este saludo se extiende a todos los países del mundo en donde se encuentran nuestros compatriotas. Ahí donde esté un salvadoreño, ondea la bandera azul y blanco como símbolo de pertenencia a esta tierra que llamamos El Salvador.

Han pasado 195 años de aquel hecho histórico que le dio origen a un país, a un estado y a una nación. A lo largo de estos años hemos ido construyendo nuestra identidad, como también una historia con sus luces y sombras, con sus avances y retrocesos, pero también con grandes desafíos que hemos sabido enfrentar.

Por esta razón el mes de la patria, el mes de la independencia, nos invita a buscar juntos la reconciliación y la paz, pues somos hermanos, hijos de una misma tierra que nos ha visto nacer y crecer. Nos une el sentimiento de país que nos permite reconocer la verdad del pasado y buscar el perdón y la reconciliación que hagan perdurable la paz.

Si algo nos han enseñado los momentos más difíciles de nuestra historia es que no debemos volver al pasado para la venganza y el resentimiento. Si volvemos al pasado debe ser para recoger el legado de los mejores hombres y mujeres que ahora llamamos padres y madres de la patria.

Querido pueblo salvadoreño:

Hoy conmemoramos la Independencia Centroamericana, alcanzada aquel 15 de septiembre de 1821, hecho que significó un logro social, cultural, económico y político para nuestra región y que años después, exactamente el 18 de enero de 1841, nos llevó a los salvadoreños a convertirnos en un estado independiente.

Los héroes y las heroínas que se unieron para construir una región independiente y soberana, dieron el primer paso para liberarse del imperio colonizador de la época, y nos marcaron para resistir ante cualquier imperio que atente contra la libertad de nuestros pueblos.

Ese es el legado de José Matías Delgado, Nicolás y Manuel Aguilar, Manuel José Arce y José Simeón Cañas, éste último destacado también por exigir, en 1823, la abolición de la esclavitud para toda Centroamérica, abogando por la igualdad.

Pero la gesta heroica de la independencia no la realizaron únicamente hombres criollos, sino también mestizos como Pedro Pablo Castillo y valientes mujeres cuyas proezas fueron ignoradas a lo largo de la historia. Mujeres que en su momento sufrieron cárcel y hasta azotes por sublevarse. Entre ellas tenemos a Manuela Miranda, Manuela Antonia Arce de Lara, María Felipa Aranzamendi y María Feliciana de los Ángeles Miranda.

María de los Ángeles Miranda, originaria de San Vicente, ofrendó su vida en la búsqueda de la libertad, durante la gesta de 1811, con motivo del Primer Grito de Independencia en Centro América.

Amigas y amigos, compatriotas:

Este 15 de septiembre no puede celebrarse de forma aislada. Ante todo somos una región conmemorando su independencia. Este logro histórico es símbolo de unidad y de fraternidad de nuestros pueblos. Por eso este día saludamos a todos los pueblos centroamericanos con quienes compartimos esta historia de libertad y progreso.

Los hechos independentistas llevaron a nuestros próceres a soñar Centroamérica como una sola nación. Su visión fue la búsqueda de la unidad para enfrentar juntos como hermanos centroamericanos el futuro. Esa tarea está pendiente, aunque cada día avanzamos para superar los obstáculos que se anteponen a la unidad de nuestros pueblos.

Nuestros países mantienen fuertes vínculos comerciales que fortalecemos constantemente para alcanzar nuevos acuerdos que dinamicen nuestras economías.

Hemos superado guerras fratricidas y formas violentas de resolver los problemas. Guiados por el diálogo y la diplomacia, continuamos superando desafíos que se nos presentan como región. Instancias como el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) nos permiten trabajar unidos para impulsar el bienestar y la justicia económica y social de los países centroamericanos.

Otro digno ejemplo de la hermandad de nuestros países son las medidas que estamos implementando Guatemala, Honduras y El Salvador, para erradicar el crimen y la delincuencia de nuestros territorios en el marco del reciente acuerdo de cooperación.

Igualmente estamos impulsando alianzas estratégicas con Nicaragua y Honduras, específicamente la relacionada con el Golfo de Fonseca, área que hemos denominado como Zona de Paz y Desarrollo Sostenible y Seguridad. En este espacio confluyen diversos esfuerzos de las naciones centroamericanas para el fortalecimiento del comercio, el turismo y la integración regional.

También estamos mejorando la conectividad con la región.  Conjuntamente con el gobierno de Guatemala, esta semana iniciaremos la reconstrucción del puente El Jobo en la frontera de Las Chinamas.  Están en marcha los procesos para construir los puentes en los pasos fronterizos de la Hachadura y Anguiatú.

Con apoyo de FOMILENIO II modernizaremos el puesto fronterizo de El Amatillo en la frontera con Honduras.  Y con el gobierno de Costa Rica estamos ya trabajando conjuntamente en la reactivación del ferry.

Significa que los sueños de Francisco Morazán, mártir y símbolo de la República de Centroamérica, todavía tienen asidero en nuestros corazones. Reafirmamos nuestra vocación integracionista como región. Creemos que Centro América unida, también avanza.

Salvadoreñas y salvadoreños:

El más grande legado que nos heredó la gesta independentista es la responsabilidad de hacer de este país un lugar de desarrollo, que brinde oportunidades, un país que se mantenga fuerte ante las adversidades.

Es la construcción de esa patria soñada por valerosos hombres y mujeres que ahora nos reclama un compromiso entre todas y todos los salvadoreños, el de ayudar fielmente con nuestro trabajo bajo una misma visión de país, en un acuerdo en el cual integremos y enfoquemos nuestros aportes, hacia la creación de un mejor futuro para nuestra patria.

Es la hora de que nuestras voluntades sean encaminadas bajo la perspectiva de que sólo unido El Salvador podrá avanzar con seguridad en la ruta del Buen Vivir que todos anhelamos.

Es por eso que acudimos en el mes de la independencia patria a este llamado, al llamado de la unidad. Esta es la gran misión que tenemos como hijos de la patria. Uniéndonos como sectores políticos, como sociedad, como un solo país, para poder avanzar en la reducción de la pobreza, para vencer las grandes desigualdades que corroen actualmente a nuestra sociedad, para derrotar a los criminales que atentan contra la seguridad y la paz de nuestros pueblos.

Son estos y otros los grandes retos de nuestra nación, y es nuestro deber continuar edificando esta patria por la que muchos compatriotas se han sacrificado a lo largo de nuestra historia.

Es nuestro deber continuar en esta senda que conduzca al desarrollo y al progreso, que nuestra nación permanezca firme y fundamentada en los ideales del Buen Vivir, es ese el objetivo primordial que nos impulsa para invitar a este esfuerzo colectivo, donde nos sumemos todos a la construcción de una nueva patria salvadoreña, una patria donde exista más inclusión, y se asegure la convivencia y la paz.

Actuemos con civismo y madurez democrática para lograr acuerdos que conduzcan al merecido país que nuestro pueblo ha clamado desde su fundación: un país donde vivamos a gusto, un país de oportunidades, equitativo, libre de violencia e injusticia social.

Los verdaderos actos de civismo son los que contribuyen al bienestar de nuestra población.

La construcción de la patria exige renunciar al divisionismo y mantener el dialogo y el consenso como prioridades necesarias para formular estrategias y acuerdos que abonen en la solución de los problemas que enfrentamos.

No se hará patria mientras se siga evadiendo la responsabilidad tributaria, mientras existan elementos desestabilizadores que se opongan al desarrollo, mientras no suprimamos la corrupción y distribuyamos equitativamente la riqueza.

Les exhorto encarecidamente a que hagamos patria construyendo un debate sensato y juicioso para la búsqueda del bien común. Ampliemos nuestro modo de hacer política participando de los espacios propuestos con el fin de consensuar acuerdos para los grandes temas que se centralizan en el bienestar de la gente, como el salario mínimo, las pensiones y la responsabilidad fiscal.

Son oportunas las palabras del papa Francisco, que en su saludo a nuestro país por la conmemoración de la Independencia, pide a Dios nos conceda “la gracia de avanzar por caminos de prosperidad con espíritu de solidaridad y fraternidad”.

Ese mismo espíritu debe conducirnos a la unidad, al compromiso con el diálogo y a la búsqueda permanente de entendimientos, elementos que conducirán a El Salvador por un verdadero rumbo independiente.

Este gran proyecto de país nos involucra a todos y todas, porque somos un solo pueblo, tenemos un solo compromiso y hay un solo camino para hacer de El Salvador un país más productivo, educado y seguro.

Querido pueblo salvadoreño:

La gesta heroica de independencia de nuestros pueblos centroamericanos es la base de nuestra historia, a la que hay que volver la mirada para crear el futuro que queremos para El Salvador. Septiembre de 1821 culminó un largo proceso por la independencia, pero al mismo tiempo comenzó un largo camino de luchas que aún no terminan.

Ahora nosotros estamos llamados a continuar esa lucha. Ahora la patria nos demanda la unificación de nuestros esfuerzos para superar la delincuencia, el crimen, la pobreza, la exclusión y la desigualdad.

Actualmente enfrentamos grandes retos como la ampliación de oportunidades de empleo digno, la profundización de los programas sociales y la urgente necesidad de un pacto fiscal.  Para resolverlos es indispensable un acuerdo de las distintas fuerzas políticas y sociales, lo que requiere generar un clima de respeto y tolerancia.

De cara al 2017, cuando se cumplirán 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, es imperiosa la necesidad de concretar nuevos acuerdos de nación. Unido el país avanza, descartemos las ataduras ideológicas y políticas, con el fin de construir un futuro con justicia, igualdad social, económica y política.

No descansaremos en nuestra cruzada por las grandes transformaciones que nos permitan alcanzar plenamente la construcción de una sociedad más unida, con más armonía y en convivencia pacífica.

Es ese nuestro más grande anhelo, heredar a nuestros hijos e hijas una patria con más oportunidades y con mejor calidad de vida.

Que Dios bendiga a las salvadoreñas y los salvadoreños.

Muchas gracias.

San Salvador, 15 de septiembre de 2016