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Quien escuche a Esaú, Arquímedes, Fernando, Carlos, Frank y Mario hablando sobre sus robots podría creer que se encuentra ante la presencia de un grupo de ingenieros o científicos, de no ser porque el mayor de ellos cursa apenas el noveno grado.

3“El robot número uno carga agua con un recipiente desde el molino de viento, que extrae agua del nacimiento; después regresa y se sincroniza con el robot número 2 a través de una señal de bluetooth para que baje su manecilla y suba el recipiente. Luego lanza el contenido en el depósito para que la población llegue y agarre agua para su vivienda”, explica Fernando, el integrante del equipo que cursa el noveno grado.

Los demás niños de este equipo estudian el quinto, sexto y octavo grado en el Centro Escolar Profesor Saúl Flores, en el municipio de Jucuapa, Usulután.

El proyecto cabe ahora en una mesa familiar. Es a escala, con robots que cumplen al pie de la letra las funciones que explica Fernando. Si se usa la imaginación se podría visualizar a estas máquinas en tamaño real funcionando en zonas en las que es difícil llevar el agua potable hasta los hogares.

Todo el proyecto, desde la idea inicial hasta el ensamblaje de los robots y su programación, ha sido obra de los seis niños.

Ellos forman parte de los más de 160 mil niñas, niños, adolescentes y jóvenes en cuyos centros escolares se implementa el Programa Robótica Educativa del Ministerio de Educación (MINED), una herramienta que está demostrando cómo la creatividad y el estudio pueden ponerse al servicio de la comunidad, a través del trabajo en equipo.

Así lo han experimentado estos seis niños, quienes expusieron el resultado de su trabajo en el Tercer Campamento de Robótica Educativa desarrollado por el MINED el 22 de agosto, en el marco del Juventour 2014.

Este novedoso programa se implementa en el país gracias al impulso y entusiasmo de una de las científicas salvadoreñas más respetadas: La doctora Herlinda Handal, viceministra de Ciencia y Tecnología.

Muchos otros niños expusieron también sus trabajos en el mismo encuentro, pues el Programa de Robótica Educativa se desarrolla con éxito en 385 centros escolares y los planes son expandirlo al resto del sistema de educación público.

“Aquí esta buena parte de lo que venimos planteando acerca de la necesidad que el sistema educativo se conecte con el aparato productivo, que haga cosas que tengan que ver con la vida de la sociedad salvadoreña”, asegura el ministro de Educación, Carlos Canjura, mientras hace un recorrido por el Campamento para ver los interesantes proyectos robóticos que han realizado las niñas y niños.

A manera de ejemplo de esa conexión entre la ciencia y su aplicación para el beneficio de la gente el ministro Canjura señala al ingenioso proyecto de Esaú, Arquímedes, Fernando, Carlos, Frank y Mario. “Ese problema  que tienen muchas comunidades nuestras, el problema del transporte del agua”, afirma.

La explicación que los seis niños dan sobre el porqué se decidieron a realizar este proyecto evidencia las palabras del ministro.

2“Esto es un hecho real, nosotros lo investigamos y vimos que era totalmente real, así la ciencia nos ayuda a nosotros, a los humanos, a que transporten agua a las partes más altas donde no llega el agua potable”, comenta Fernando, el mayor de los seis.

“Es una bonita experiencia para todos, porque  además de convivir entre nosotros nos ayuda a experimentar nuevos retos”, añade Arquímedes, de sexto grado.

De acuerdo a la viceministra Handal la robótica educativa les enseña a trabajar en equipo y a combinar los conocimientos adquiridos en matemática, física, electrónica y mecánica para conseguir un objetivo.

“A los estudiantes se les enseña de que todas estas habilidades deben estar direccionadas a provocar beneficios a la población”, sostiene la funcionaria.

El ministro de Educación asegura que la expansión de este programa es un esfuerzo en el que están trabajando. “La idea es ir logrando que todo el sistema educativo  tenga esta posibilidad y esto va a permitir que las generaciones estén más asociadas con los problemas que tiene la sociedad y la aplicación de la ciencia y la tecnología para solucionar esos problemas”, asegura.

Esaú, Arquímedes, Fernando, Carlos, Frank y Mario se entusiasman cuando hablan de su proyecto.  “Aprendemos a convivir no importando la edad, no impronta el tamaño, todos sin ninguna distinción aprendemos a convivir entre hermanos”, dice Arquímedes.

Apenas se encuentran cursando la educación básica y su proyecto cabe en una mesa, pero estos niños y sus robots también son una muestra de las esperanzas de todo un país. Solo el futuro dirá si ellos se convierten en algunos años en la nueva generación de científicos de El Salvador que den soluciones y ayuden a mejorar desde las ciencias la vida de las familias más pobres del país.

 

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