Print Friendly

Estoy sumamente emocionado por estos niños y niñas, que menaje más hermoso, creo que nos llega a lo más profundo del alma, y golpea nuestros corazones.

Es por ello que estamos obligados a unirnos más. Esta niñez se merece un mejor futuro y los salvadoreños sabemos que lo podemos hacer, pero tenemos que hacer eso que se logró hace 24 años, unirnos en pensamiento, en corazones y en acciones. Ya demostró el país que es posible hacerlo.

 

En este aniversario, he tenido la oportunidad de leer las reflexiones de nuestros firmantes de los Acuerdos de Paz, reflexiones muy importantes, que nos llaman a pensar en el futuro, a volver la mirada al pasado pero centrar nuestras energías en el futuro.

 

También hemos escuchado las voces de este coro presidencial. Les felicito.

 

Hemos escuchado también canciones que nos motivan a seguir con la esperanza y no desmayar de que podemos hacer de este país una realidad diferente y fortalecer la esperanza y el futuro de este país.

 

Además de ser un día de reflexión, debe ser un día de alegría, por eso agradezco a Álvaro Torres, que ha hecho un espacio para venir a deleitarnos con su voz. Un gran salvadoreño.

 

Saludo también a nuestros artistas nacionales. Ellos siguen cultivando nuestra memoria histórica a través de la música.

 

Es un día lleno de felicidad  porque tenemos la fuerza de las ideas, la fuerza y la voluntad de ser salvadoreños y querer y amar a  este país, eso es lo que nos hace grande, y es lo que debemos levantar.

 

En este momento, estamos obligados, no podemos fallarle a estos jóvenes y a los niños y niñas que con esta representación simbólica han entregado los Acuerdos de Paz a 24 años, pero lo han entregado para que esta sociedad se comprometa con ellos; nos dicen que si fue posible que hace 24 años nos entendimos porque no vamos a entendernos ahora y enfrentar juntos los grandes retos que enfrenta El Salvador.

 

Los llamo a todos a que nos unamos, a que trabajemos juntos.

 

 

Nos reunimos hoy para conmemorar uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia, la firma de los Acuerdos de Paz.

 

Cada 16 de enero los salvadoreños reafirmamos  nuestra vocación de paz y la decisión de avanzar en la unidad de la familia salvadoreña, objetivos a los que se consagra día a día nuestro gobierno.

 

Con la firma de los Acuerdos de Paz nuestro país se ganó el respeto y reconocimiento internacional por haber tenido la valentía y la sabiduría de poner fin a una cruenta guerra a través del diálogo y la negociación.

 

Fue un proceso complejo, que para muchos parecía imposible; sin embargo, el enorme sacrificio y el anhelo de paz y libertad de todo un pueblo abrió las puertas  a una nueva etapa para la reconciliación y la unidad nacional.

 

Han pasado 24 años desde aquel 16 de enero de 1992, cuando reunidos en el Castillo de Chapultepec, México, firmamos el acuerdo de nación que posibilita un porvenir de justicia, inclusión y equidad en nuestro país.

 

Los Acuerdos de Paz  marcan el inicio de una nueva transición en El Salvador, que nos permite construir juntos pilares firmes de justicia social, bienestar y democracia.

 

Como firmante de los Acuerdos de Paz, sigo sosteniendo que su esencia fundamental es promover una sociedad respetuosa de las ideas, abierta al diálogo y al debate permanente, que fomente la participación social.

 

Es por ello que estamos llamados a encontrar siempre los puntos en común, a trabajar soluciones a las necesidades colectivas, a construir juntos un país con progreso, dignidad, paz duradera, con oportunidades para todas y todos.  Solo así lograremos una verdadera unidad y reconciliación nacional.

 

Solo unidos sacaremos adelante a nuestro país en lo económico, lo social y en el desarrollo integral que demanda nuestro pueblo.

 

A los que vivimos el proceso histórico de los Acuerdos de Paz nos llena de alegría ver como las nuevas generaciones hacen suyo el preciado logro de la paz,  como nuestras niñas, niños y jóvenes abrazan la paz como un legado que merece ser cuidado y defendido.

 

Es una razón más para recordar  a cada uno de nuestros hermanos y hermanas que dieron su vida para lograr este propósito, tanto a los combatientes del FMLN como a los miembros de la Fuerza Armada.

 

Cada 16 de enero lo dedicamos al pueblo salvadoreño, a los que están presentes y a quienes ya no están con nosotros, a las víctimas de la población civil, a los que consagraron sus vidas en nombre de la libertad. A todos ellos, los tenemos en nuestra memoria, jamás los olvidaremos.

Por todos ellos nuestro compromiso es  construir la paz y no permitir ninguna acción que contravenga este propósito.

 

En 2010, como Estado pedimos perdón por las violaciones a los derechos humanos cometidas contra miles de familias salvadoreñas durante el conflicto, a quienes se les vulneró el derecho a su integridad, a la libertad personal y a la vida.

 

Hoy, como Comandante General de las Fuerzas Armadas, pido perdón a las víctimas de las graves violaciones a los derechos humanos, a sus familiares, y les reafirmo mi compromiso que hechos como esos jamás se repetirán en nuestra historia.

 

No volverán las prácticas autoritarias en el ejercicio del poder, y velaremos por las obligaciones del Estado   con la verdad y la justicia y el perdón.

 

Garantizaremos la continuidad del diálogo, la tolerancia y la concertación como bastiones fundamentales en nuestra cultura democrática.

 

Me enorgullece decir que en nuestro Gobierno todas las políticas y acciones tienen como base medular el respeto a los derechos humanos.

 

Estamos conscientes también de los desafíos  para la conservación de la paz y el equilibrio social. Por eso nuestro rumbo es cumplir los objetivos que hace 24 años nos comprometimos a alcanzar, con la vista puesta en los sectores más necesitados de la población.

 

Buscamos continuamente mecanismos que fortalezcan las políticas de concertación nacional con todos los que se vieron inmersos en el conflicto armado.

 

Por eso celebramos la aprobación de la ley de beneficios y prestaciones sociales para los veteranos de la Fuerza Armada y excombatientes del FMLN.

 

Mi Gobierno está comprometido en dar fiel cumplimiento a esta ley, pues creemos que constituye una parte fundamental del proceso de paz y reconciliación que vivimos.

 

Como Presidente de la República he dado especial atención a la obligación que tenemos como Estado en la reparación a las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos ocurridas en el contexto del Conflicto.

 

Con la elaboración del Registro Único de Víctimas y Familiares  daremos inicio al cumplimiento del programa indemnizatorio de víctimas graves violaciones a los derechos humanos.

 

Asimismo, en el caso de la masacre  El Mozote, una de las páginas  más dolorosas de nuestra historia, hemos dado pasos importantes en el cumplimiento de la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor de las víctimas y sus familiares.

 

Por ello quiero anunciar que dedicaremos este año nuevos fondos para continuar con el pago de indemnizaciones para los afectados como ordena la sentencia de la Corte.

 

Ya están en marcha otras medidas de reparación como los programas de atención y tratamiento integral de salud, y otras para el desarrollo de estas comunidades.

 

Como Gobierno seguiremos ampliando las medidas de dignificación a las víctimas de El Mozote, daré instrucciones a mi Gabinete para acelerar los esfuerzos en la ejecución de medidas de reparación.

 

A la Comisión Nacional de Búsqueda y al Fondo de Lisiados de Guerra del Conflicto Armado, le reafirmo mi voluntad de continuar apoyando su noble trabajo.

 

Como Gobierno de la República creemos que este suceso que conmovió a nuestro pueblo y al mundo merece allanar su camino hacia la verdad y la justicia, una responsabilidad que corresponde a las instancias judiciales.

 

Amigas y amigos:

 

La realidad actual está marcada por la urgente necesidad de generar más seguridad, y es en esa dirección que estamos dirigiendo todos nuestros esfuerzos.

 

En el pasado la falta de oportunidades y la ausencia de políticas sociales reales y oportunas de parte de los gobiernos facilitaron el incremento de la violencia y el crimen. Hoy, erradicar esas problemáticas constituye el mayor desafío para nuestro país.

 

La buena noticia es que ahora contamos con un Gobierno que está enfrentando con firmeza y en toda su magnitud el fenómeno de la violencia y la delincuencia.

 

Desde el inicio de nuestro mandato establecimos la búsqueda consensuada de soluciones.

 

Esta nueva forma de gobernar facilitó la creación del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia, del cual nació el Plan El Salvador Seguro, la estrategia más integral que se haya creado en pro de la seguridad ciudadana.

 

Nos encontramos ahora en una etapa crucial de este trabajo. El Plan El Salvador Seguro ya está ejecutándose en los municipios considerados como más violentos.

 

Son numerosos los avances en materia de seguridad y en este 2016 vamos a redoblar esfuerzos por llevar más tranquilidad a las comunidades afectadas por el flagelo de la violencia.

 

Vamos a recuperar el tejido social en los cincuenta municipios identificados como más vulnerables y proporcionaremos mejores condiciones de vida a las familias de sus comunidades.

 

 

Por el espíritu de los Acuerdos de Paz y las lecciones aprendidas en estos 24 años, hemos insistido en la necesidad de que los partidos políticos se mantengan en la mesa interpartidaria, dando sus aportes en función de ese país que todos queremos.

 

Hoy más que nunca es vital para asegurar el futuro de nuestro pueblo, que haya una búsqueda de soluciones consensuada, sincera y constante, a los grandes problemas que enfrenta nuestro país.

 

Por ello, llamo nuevamente al partido ARENA a volver a esta plataforma de diálogo.

 

Los Acuerdos de Paz nos enseñaron que las mejores conquistas son las que se alcanzan con el trabajo de todos.

 

Amigas y amigos:

 

En el año 2016 aún conservamos la misma esperanza que nos embargaba al firmar los Acuerdos de Paz en 1992.

 

El Salvador avanza en un rumbo definido a  la tranquilidad, bienestar y progreso. Esa ruta está expresada en el Plan Quinquenal de Desarrollo 2014-2019.

 

Avanzamos en torno a las tres grandes prioridades que hemos identificado como país: empleo productivo generado a través de un modelo de crecimiento económico sostenido, educación con inclusión, equidad social,  y seguridad ciudadana efectiva.

 

Quiero finalizar este mensaje expresando mi agradecimiento a todos los que hicieron posible la firma de los Acuerdos de Paz.

 

En especial rindo homenaje a dos distinguidos salvadoreños, firmantes ya fallecidos de los Acuerdos de Paz.

 

Recuerdo con particular cariño a nuestro querido Schafik Handal, quien lideró la delegación del FMLN y nos guió en el complejo proceso de negociación teniendo siempre presente los más altos intereses del pueblo.

 

Nuestro tributo también al doctor Abelardo Torres, integrante de la comisión negociadora del gobierno.

 

Schafik y el doctor Torres actuaron con un verdadero espíritu de reconciliación y unidad nacional, la gran enseñanza y valor de los Acuerdos de Paz.

 

Al pueblo salvadoreño, nuestra gratitud eterna, pues es el verdadero artífice de la Paz. Todo lo que hemos logrado ha sido posible gracias a la tenacidad y esperanza de nuestra gente.

 

Agradecemos a las iglesias por su búsqueda incansable para poner fin al conflicto.

 

Rendimos un homenaje especial al pastor del pueblo salvadoreño, quien nos enseñó con su ejemplo que cuando se ama se está dispuesto incluso a entregar la vida: el Beato Oscar Arnulfo Romero.

 

Hoy seguimos  recurriendo a su mensaje y a su ejemplo para continuar alcanzando nuevas conquistas para nuestro pueblo.

 

Agradecemos y hacemos nuestro el mensaje que su Santidad el Papa Francisco dirigió recientemente al pueblo salvadoreño. Son palabras de ánimo, él nos hizo el llamado a continuar unidos en la esperanza, inspirados en el mensaje de justicia y paz del Beato Romero.

 

Nuestra gratitud también a los países amigos que tuvieron una destacada participación en el proceso de diálogo. Como Gobierno, y en nombre del pueblo salvadoreño, agradecemos ese valioso apoyo internacional.

 

Hoy, los Acuerdos de Paz son un legado a la humanidad de cómo resolver los conflictos. Debemos sentirnos orgullosos de este aporte.

 

Como hijo de este querido pueblo salvadoreño, que nunca se doblega, que siempre sale adelante, y como  firmante de los Acuerdos de Paz, reafirmo mi compromiso de continuar trabajando por la reconciliación y la unidad nacional, por el bienestar, la tranquilidad y el progreso de nuestro país, por la dignidad y el respeto para las y los salvadoreños, por la felicidad de la nación.

 

Las enseñanzas del proceso de negociación de los Acuerdos continuarán inspirando nuestro trabajo y estilo de gobierno ante los nuevos desafíos que enfrentamos.

 

A todo nuestro pueblo, a cada familia, le pido reflexionar permanentemente en la importancia y vigencia de los Acuerdos de Paz.

 

Hace 24 años sorprendimos al mundo y dimos nuevos brillos a la conciencia e identidad nacional, iniciamos una nueva etapa de libertades y democracia que ahora disfrutamos yque ya no tiene marcha atrás

 

Les invito, especialmente a la juventud salvadoreña, a seguir resguardando y conmemorando el más preciado logro de nuestro tiempo.

 

Que viva la paz y la esperanza.

 

Que Dios bendiga a El Salvador.

 

 

Muchas gracias.