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Saludos al pueblo de Bolivia. Al departamento de Santa Cruz, al gobierno municipal de Santa Cruz de la Sierra, gracias por su hospitalidad. Estamos maravillados por la belleza de esta tierra bendita y por la calidad de su gente.

Saludo a los territorios indígenas, originarios y campesinos. Sus raíces son identidad y fundamento de nuestro continente.
Quiero reconocer la labor del Presidente Evo Morales al haber roto el silencio de los pueblos originarios. Gracias, Presidente.
Bolivia es ahora un referente mundial donde se ha reivindicado la vida, la libertad y la identidad.

Siguiendo ese ejemplo, me complace informarles que El Salvador ha saldado una deuda histórica al ratificar el pasado jueves la reforma al artículo 12 de nuestra constitución estableciendo que:  “El Salvador reconoce a los pueblos indígenas y adoptará políticas a fin de mantener y desarrollar su identidad étnica y cultural, cosmovisión, valores y espiritualidad”.

Señor Presidente:

Mi país, El Salvador, reconoce la relevancia histórica del Grupo de los 77+China, que con 5 décadas de existencia ha evolucionado en consonancia a la realidad política, económica y social, convirtiéndose en uno de los principales voceros de las prioridades y temas de interés de los países en desarrollo.

Hace 50 años, éramos 77 países los que firmábamos la Declaración que dio vida a este bloque, entre ellos mi país El Salvador. Hoy en día somos 133 países quienes lo integramos, con una diversidad de culturas, lenguas, formas de Gobierno, que compartimos dentro de nuestras prioridades, necesidades e intereses con una visión integral y conciencia colectiva de que no podemos escatimar esfuerzos en la construcción de una sociedad más justa que atribuya un lugar privilegiado a la dignidad de todos los seres humanos.

Los países aquí representados compartimos retos y desafíos comunes, los cuales únicamente unidos podemos enfrentar. Es importante que el modelo de desarrollo que ejecutemos en cada una de nuestras naciones contenga una sólida política exterior de integración a organismos como este.

Particularmente en Centro América, sigue desafiante el proyecto de integración de Francisco Morazán, así como en el Sur lo que es el sueño y proyecto de Simón Bolívar. El llamado es a reforzar nuestros principios de unidad y desarrollo en los que nuestros pueblos han sido fundados.

Estimado  presidente:

Esta cumbre representa la posibilidad de ver el mundo de una manera diferente. Es posible una sociedad presidida por la igualdad, la fraternidad y la libertad. Es posible una relación armoniosa entre el ser humano y la naturaleza.

Sigue vigente la cosmovisión de nuestros pueblos originarios: que considera a la persona en su totalidad, que deben vivir el ciclo natural de sus vidas de forma digna y plena, en armonía con los demás pueblos y la naturaleza.

Debemos avanzar hacia un nuevo orden donde la gente viva bien; que ese sea el centro de nuestras políticas, el fin de todas nuestras acciones.

Mi país considera que la erradicación de la pobreza es el mayor desafío que enfrenta el mundo en la actualidad.

Estamos convencidos que la definición del escenario de desarrollo posterior al 2015 debe ser una decisión adoptada por todos los Estados miembros, sin ninguna discriminación a los países en desarrollo, como el fruto de un proceso y negociación de carácter universal.

El debate sobre la nueva agenda de desarrollo debe considerar las características y necesidades de cada una de las regiones, para que dicha agenda sea adaptada a nuestros países y responda a nuestras realidades.

Por otra parte, la amenaza inminente que el Cambio Climático impone en los sistemas económicos, sociales y medioambientales de nuestros países se hace cada vez más evidente. Este problema se ha convertido en un obstáculo determinante para el desarrollo de algunos países, los cuales año con año presentan cuantiosas pérdidas económicas con impacto directo a las poblaciones más vulnerables.

El Salvador, de forma particular, ha sido impactado por diferentes fenómenos climáticos en los últimos años, que han dejado pérdidas estimadas en alrededor de 900 millones de dólares, equivalentes al 4% del PIB nacional.

Es necesario que todos los gobiernos del mundo impulsemos el estudio constante de los recursos naturales renovables. Es urgente influir en la conducta de nuestra gente referente al manejo sustentable de los recursos de la naturaleza y el planeta. El reto es que el desarrollo económico aumente en armonía con el medio ambiente.

No olvidemos que esta es la casa de todos, la casa de nuestros ancestros. Aquí viven nuestros hijos y nietos, aquí vivirán las próximas generaciones. Preguntémonos cuál será nuestro legado para todos ellos.

Amigo presidente:

Al reflexionar sobre un nuevo orden para Vivir Bien debemos reconocer que nuestros pueblos todavía carecen de servicios básicos que son un derecho humano universal.

La educación y la salud constituyen hoy fundamento de la condición humana, que deben administrarse gratuitamente y con calidad. Son derechos irrenunciables, de los que nadie puede carecer.

La historia común de nuestros pueblos tiene que ver con gobiernos inhumanos que profundizaron el deterioro de los sistemas públicos de salud para convertir este bien en un mercado altamente rentable.

Con la educación hicieron lo mismo: la convirtieron en un privilegio. Nada más insultante que la indiferencia de gobiernos del pasado ante miles y millones de niños que anhelaban conocer, aprender y descubrir las maravillas del conocimiento y la vida.

El proyecto de vida que debemos impulsar es aquel que devuelva a la niñez y juventud el derecho a crecer y desarrollarse, y a los adultos les permita disfrutar de vidas largas, saludables y productivas. Una sociedad donde la educación es una herramienta para construir la vida de calidad que todos merecemos.

La educación debe ser inclusiva, debemos garantizar el pleno acceso a ella y superar cualquier diferencia de habilidades. Nuestra sociedad urge de una educación con valor social, que permita a cada persona la reflexión crítica y el ejercicio de sus deberes y derechos.

Nuestro obispo y mártir, Monseñor Romero, instaba a que capacitáramos a los niños y jóvenes para analizar la realidad de nuestro país, a fin de que cada persona se convierta en agente de la transformación que amerita nuestra sociedad.

En un nuevo orden para vivir bien, ningún rincón del planeta puede carecer de servicios básicos para su gente. El agua, la electricidad, las comunicaciones, entre otros, son servicios que no pueden estar en entredicho. Ignacio Ellacuría, uno de nuestros sacerdotes jesuitas asesinados en 1989, decía que “nadie puede tener derecho a lo superfluo cuando todos no tienen lo necesario”. Esa debería ser la máxima que nos lleve a replantearnos la idea del desarrollo.

Estimadas presidente:

Después de 68 años de la creación de las Naciones Unidas y a casi dos décadas de haber iniciado el proceso orientado a su reforma, es necesario promover una reforma acorde a la realidad del siglo XXI.

De manera particular, la reforma del Consejo de Seguridad es fundamental para fortalecer el multilateralismo, a fin de contribuir efectivamente de una forma democrática e incluyente, al mantenimiento de la paz y la seguridad internacional y, por ende, la prevención de conflictos y crisis humanitarias derivadas de los grandes problemas económicos, sociales y ambientales de la humanidad. Repito, nuestros países deben tener una sola voz, porque sólo unidos se podrán hacer verdaderos cambios.

Reafirmo mi confianza en la capacidad de actuar del Grupo de los 77+China dentro de las Naciones Unidas para garantizar el desarrollo y cumplimiento de los nuevos temas de la Agenda Internacional. Confío en el fortalecimiento de un sistema multilateral democrático, participativo, equitativo y transparente para hacer frente a los desafíos que conlleva el desarrollo. Este sistema debe ser respetuoso del desarrollo de los pueblos a su autodeterminación. Nadie debe inmiscuirse en los asuntos internos de cada nación, cada nación tiene el derecho de decidir como conducir sus destinos. Los países del sur, tenemos el derecho de  decidir libremente nuestras formas para alcanzar el desarrollo. Es por eso que deploramos el anacrónico bloque contra Cuba y los intentos de interferir en procesos electorales de otros  como ocurre en el caso de Venezuela.

Sólo uniendo voluntades, capacidades y recursos, podremos orientar este Grupo hacia el cumplimiento efectivo de su papel central como promotor principal de los intereses económicos colectivos, la cooperación Sur-Sur y el desarrollo general en el seno del sistema de las Naciones Unidas.

Muchas gracias presidente.