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El presidente Salvador Sánchez Cerén, en compañía de la primera dama, Margarita Villalta de Sánchez, y miembros de su gabinete, participó hoy de la solemne misa celebrada en la capilla del hospital Divina Providencia, en San Salvador, en el marco de la conmemoración del XXXV aniversario del martirio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero.

La eucaristía fue oficiada por monseñor Raúl Vera, de la Diócesis de Saltillo Coahuila, México, quien resaltó la imagen del obispo mártir calificándolo como un fiel defensor de los derechos humanos del pueblo salvadoreño.

“Monseñor Oscar Arnulfo Romero murió por defender los derechos humanos de su pueblo, así lo reconoce las Naciones Unidas, esto es lo que significa la cruz, reconocer que somos deudores de los demás y que son los demás nuestro interés, esto llevó a don óscar (Romero) a ofrecer su vida”, dijo el religioso.

En su homilía, el obispo Vera agregó que Monseñor Romero fue un profeta que vivió a la luz del evangelio y ofrendó su vida por los más necesitados.

“Es un privilegio venir a beber del evangelio que se respira en toda la vida y obra de monseñor Romero (…), la obra evangélica de este hombre logró hacer correr el evangelio sobre las venas de su pueblo, algo muy propio de los profetas”, manifestó Vera.

El religioso expresó que con el reconocimiento del martirio del monseñor Romero y el anuncio de su beatificación, a celebrarse el próximo 23 de mayo, la iglesia ha entregado y ha hecho resucitar al profeta salvadoreño en el “corazón de todo el mundo”.

Por su parte, el presidente Sánchez Cerén aseguró que la vida y obra de monseñor Romero sigue viva en su pueblo, y que por más que “quisieron manchar su imagen”, su figura continúa como una luz que guía al país.

“El país ahora tiene una luz permanente, no solo tenemos un beato, sino que tenemos un santo, San Romero de América”, dijo el mandatario.

Agregó que la vida del obispo mártir es un ejemplo a seguir para lograr un mejor El Salvador, donde no haya desigualdad social y los crímenes contra las víctimas de la violencia no queden en la impunidad.

“Tenemos que ver hacia adelante, la obra de monseñor Romero está comprometida con los más humildes (…) porque es hipocresía no luchar para terminar con las injusticias”, acotó el jefe de Estado.

El mandatario agradeció a las delegaciones de las iglesias y de las comunidades que han trasladado el mensaje de la obra de monseñor Romero y lo han difundido por el mundo.

“Que la beatificación (de monseñor Romero) sea un ejemplo y un acto religioso donde nos comprometamos por cambiar este país, por hacer que los más necesitados tengan futuro”, dijo.

Durante la eucarística se leyeron extractos de las homilías del obispo mártir, a través de las cuales denunciaba las injusticias sociales cometidas contra los más desprotegidos en la época del conflicto armado, e instaba a las fuerzas políticas a trabajar en beneficio de los más desposeídos.

Monseñor Romero fue asesinado el 24 marzo de 1980 en la capilla del Hospital Divina Providencia, ubicado en la colonia Miramonte, en San Salvador, y a 35 años de su martirio, su testimonio de fe se ha convertido en un símbolo de esperanza, unidad y espiritualidad para muchos salvadoreños

San Salvador, 24 de marzo de 2015.