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  • El diálogo como método es el camino más seguro, firme y duradero; ampliamente sustentado en la historia moderna del país y también recientemente comprobado en el abordaje del agudo problema de la inseguridad ciudadana.

La pasada semana estuvo cargada de temas relevantes e interrelacionados, que no son contrapuestos si se abordan desde la perspectiva del interés nacional. Por un lado, el encuentro empresarial Enade-2016, máxima instancia de las cúpulas gremiales empresariales, mostró una abierta alianza de algunos de sus dirigentes con el principal partido de oposición. En ese evento, los más recalcitrantes hicieron una exacerbada y hostil defensa de sus ganancias, blandiendo el más rancio conservadurismo.

Por otro lado, la multitudinaria marcha del primero de mayo mostró un alto grado de unidad y gala de diversidad en la capacidad de gestión de una agenda común en la defensa y promoción de intereses laborales y sociales, siendo franca y abiertamente notoria la coincidencia de un amplísimo agrupamiento laboral y social con el gobierno y el partido en él: fue claro el pronunciamiento en apoyo a la propuesta gubernamental de incremento al salario mínimo -a $250 para trabajadores del campo y $300 para los de la ciudad- y de la reforma de pensiones –un sistema mixto que garantice el incremento de la pensión mínima, sostenible en el tiempo-; mientras, la cúpula empresarial se aferró a un miserable salario mínimo y a un sistema de pensiones obsoleto, privatizado, cuyos beneficios solo son para las AFP. Ambos eventos bien podrían significar el resonar de tambores de un nuevo ciclo conflictivo que nos estanque en un absurdo atrincheramiento ideológico de posiciones de fuerza. Pero de cara a la expectativa de la ciudadana, que día a día nos exige soluciones a los principales retos de país, esta es la oportunidad para ordenar las filas en cada agrupamiento, afinar y aclarar la agenda de intereses de cada bloque y pasar activamente a un proceso de diálogo para alcanzar acuerdos en materia económica y social que permitan poner velas de país con rumbo a un desarrollo sostenido.

El diálogo como método es el camino más seguro, firme y duradero; ampliamente sustentado en la historia moderna del país y también recientemente comprobado en el abordaje del agudo problema de la inseguridad ciudadana. Tenemos suficiente evidencia para demostrar que cada vez que ponemos en el centro del debate los altos intereses nacionales, es más sencillo alcanzar acuerdos.

El reciente proceso de diálogo entre poderes del Estado, motivado en la preocupación por el alza de la criminalidad que sobrepasó límites con la masacre de San Juan Opico, puso de manifiesto la capacidad de las fuerzas políticas para generar medidas extraordinarias de consenso -que ya están dando  resultados-, incidiendo en la inicial reducción de la criminalidad y generando un proceso de creciente confianza y esperanza de la población. El camino no es perfecto, todavía falta el tramo más difícil: acordar el financiamiento que asegure cumplir a profundidad estas medidas extraordinarias, implementar la siguiente fase y desplegar a todo el gobierno en el trabajo de prevención.

Existen temores de que solo una parte pueda capitalizar el éxito de la aplicación de políticas derivadas del consenso, sobre todo, a las puertas de una nueva campaña electoral. Debemos persistir, hasta donde corresponda, en una acción conjunta de acuerdo a las competencias de cada institución para asegurar con madurez un rédito compartido.

En seguridad, esto se ha logrado en el esfuerzo coordinado del equipo de seguridad del ejecutivo -nombrado por el Presidente-, la Comisión de Seguridad de la Asamblea Legislativa y la Fiscalía General de la República. Esta confianza se puede ampliar en el establecimiento de mecanismos de control y seguimiento, inherentes al rol político de fuerzas de control y contrapesos, propios de todo modelo democrático; pero no debe, en ningún caso, irrespetar las atribuciones constitucionales del gobierno en la ejecución de políticas y planes.

El resultado de una adecuada definición del rol de cada actor político y social es la conjunción de los esfuerzos entre los distintos poderes de Estado, y el estímulo y reconocimiento de la participación de distintos sectores que se expresan en espacios como el Consejo Nacional de Seguridad, así como de la iniciativa privada.

Desde la perspectiva gubernamental, ya se han generado diferentes mecanismos de diálogo y trabajo conjunto con distintos grupos empresariales en los más diversos temas de interés nacional. Hoy la expectativa es: ¿Cómo actuará la nueva cúpula del empresariado que se expresa en ANEP?; ¿Asumirá su liderazgo con criterio propio y avanzará por el rumbo del diálogo e intereses de país, o seguirá supeditada a la pequeña cúpula conflictiva, ideologizada, mezquina y sin capacidad de propuesta que caracterizó a la camarilla que encabezó el último quinquenio?

Cualquiera puede comparar la producción de propuestas y pensamiento que caracterizaron al conglomerado empresarial en las diferentes conclusiones de los pasados Enade, donde más allá de las diferencias de enfoque, concepción o intereses que reflejaban su contenido, había propuestas debidamente sustentadas. Sin embargo, en el último quinquenio ha sido notoria su orfandad, pobreza de pensamiento y ausencia de propuestas sustantivas para el debate. Así que estamos a la espera de que vuelvan a sus pasos para juntos construir por el interés nacional.