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Richard no le consultó a nadie sus intenciones, ni siquiera a su madre, con quien comparte casa y vida. Estas intenciones surgieron de forma espontánea cuando se percató que en el mismo lugar en que él estaba, acompañando a María -quien es su madre- caminaba el propio presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén.

La idea de seguir al presidente y hablarle se encendió en Richard Hernández a la luz de su necesidad. Era tal oportunidad que tenía enfrente que no reparó en protocolos. Se acercó al gobernante y no dudó en decirle: “Necesitamos una plancha para hacer un negocio”.

Aquello se le oyó decir en medio de la aglomeración que se había formado en torno al presidente. Fue una solicitud directa, que encierra en sus palabras el anhelo sincero de este adolescente de 12 años de querer salir adelante junto a su madre, María Dolores.

Cumplir el sueño de que su mamá monte un pequeño negocio de tortillas estaba tan lejos como poder tener una ansiada plancha a gas.

El momento de la proeza de Richard quedó inmortalizado en una fotografía que pronto circuló en las redes sociales, en la que se le ve con la seriedad en su rostro propia de la solicitud que hacía al presidente.

Esta seriedad no acompañó el texto y los comentarios publicados junto a la fotografía, en los que se hizo creer que el mandatario ignoró a este valiente salvadoreño.

Esa versión, la que dijo que el presidente no escuchó a un niño, fue desmentida tajantemente por María y el mismo Richard el 24 de noviembre, cuando como parte de las entregas que semanalmente realiza el despacho de la primera dama, Margarita Villalta de Sánchez, se le entregó una plancha, láminas para instalar su puesto, un tambo de gas y una dotación de víveres.

También recibió un crédito de FOSOFAMILIA y el compromiso de asesorarla para invertir bien los recursos en el montaje de su pequeño negocio, tal como esta institución lo realiza con centenares de familias.

El acto al que fue convocada María y Richard no era para aclarar nada, pero el semblante de ambos indicaba que el sentimiento de indignación era tan fuerte como la alegría de poder cumplir un sueño.

 

“Gracias, porque realmente sí tengo el espacio donde poner el chalet pero no tenía nada, solo la voluntad”, aseguró María.

“Yo no manejo internet, yo no manejo nada de eso pero mis vecinos sí, y me empezaron a llamar y yo asustada. Aquí estoy, mal emocionalmente por el manejo que (medios de comunicación) hicieron de mi hijo y de la necesidad mía”, aseguró al hablar de las publicaciones en redes sociales en las que se hace referencia a un Richard ignorado por el máximo líder del país.

“Han puesto de que fue en el Festival del Buen Vivir en Cojutepeque (realizado el sábado) que mi niño se acercó y el presidente se burló de él. En ningún momento sucedió eso”, aseguró.

El escenario donde Richard hizo la solicitud al jefe de Estado fue la sede municipal del FMLN, donde el presidente participó el pasado domingo en las elecciones internas de este instituto político.

La solicitud que el niño hizo al mandatario puso en marcha un mecanismo que se activa en cada actividad pública del presidente o la primera dama, cuando personas con escasos recursos económicos piden apoyo de forma oral o a través de cartas.

Cada solicitud es retomada por el despacho de doña Margarita y cada semana se les da respuesta en pequeños actos privados que se realizan en el Centro de Prensa de Casa Presidencial, información que se publica en la web de la Presidencia y se comparte en las redes sociales oficiales.

La misma tarde del domingo pasado, personal de la Presidencia de la República ya había contactado a María para profundizar sobre la petición que hizo Richard. Momento en que se supo que esta madre salvadoreña había sido atropellada meses atrás, lo que le dificulta seguir con un negocio de bisutería que le implica movilizarse.

También se conoció sobre su idea de poner la tortillería en un espacio cercano a su casa y la faltaba de una plancha a gas.

“Yo le pregunté al niño por qué lo había hecho (acercarse al presidente)”, asegura María, y cuenta que la respuesta fue contundente: “Porque vamos a aguantar hambre si vos no tenés con qué trabajar”.

El sueño de Richard ha sido cumplido.

San Salvador, 25 de noviembre de 2015.