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Los salvadoreños se unieron este 14 de octubre para celebrar la canonización por el papa Francisco del santo Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, en una formidable demostración de esperanzas compartidas que le dan a la nación la oportunidad de una nueva alborada como nunca antes en su historia.

Cerca de las tres de la madrugada, sobre las 02:40 horas, cuando el Santo Padre confirmó en el Vaticano el histórico acontecimiento, miles de personas reunidas en la Plaza Gerardo Barrios y los alrededores de la Catedral Metropolitana tuvieron una contagiosa reacción de alegría que también abarcó a todo el país.

Entre vivas a Monseñor Romero, cohetes y otros fuegos de artificio, las campanadas de la Catedral, las personas se abrazaron conmovidas, muchas con los ojos humedecidos por la emoción.

Breves noticias compartidas por las personas en las redes sociales anunciaban que escenas similares se vivieron también en la Capilla del Hospital de la Divina Providencia, donde el santo fue martirizado; en su pueblo natal, Ciudad Barrios, y todas las iglesias del país.

Muchos de los mayores recordaron que algo así solo se vivió el 16 de enero de 1992, cuando fueron firmados los Acuerdos de Paz que pusieron fin al conflicto armado de los años 80 del siglo pasado.

Las vigilias fueron iniciadas desde la tarde del sábado en los templos de la nación, a donde confluyeron procesiones acompañadas por el fervor del pueblo y las reivindicaciones que sus organizaciones defienden para alcanzar una vida mejor.

En el Palacio Nacional, en uno de los costados de la Plaza Barrios, una enorme tela proclamaba uno de los reclamos de San Romero, cuando ya tenía certezas de los planes de las fuerzas de ultraderecha para asesinarlo: “Que mi sangre sea semilla de Libertad”, se lee en la enorme pancarta.

El presidente de la república, Salvador Sánchez Cerén, invitó a la población a reflexionar sobre el profundo significado de la canonización de Monseñor Romero, en una cadena nacional de radio y televisión transmitida a partir de las siete de la noche del sábado 13.

“Vivamos con júbilo este acontecimiento histórico, que como los Acuerdos de Paz que firmamos en 1992, marcará para siempre la vida de nuestra nación”, invitó.

“Su canonización convoca a toda nuestra sociedad a una profunda reflexión para comprender que es urgente un ¡Basta ya! a la violencia, que tanto sufrimiento provoca a muchas familias”, agregó
“A eso nos llama hoy San Romero, a un cambio de conducta, a sumar esfuerzos para que nuestras comunidades avancen en convivencia y con tolerancia, poniendo en práctica una nueva cultura de paz basada en el respeto a la vida, a las diferencias y los derechos humanos”, subrayó el gobernante.

El presidente Sánchez Cerén, uno de los firmantes de los Acuerdos de Paz, señaló la trascendental relevancia para El Salvador del ascenso a los altares del primer santo de la nación.

“Es universal y perenne su llamado a la paz, a la no violencia, a la fraternidad entre los seres humanos y a trabajar, inspirados en Dios, por el mejoramiento de la calidad de vida de todas las personas y la preservación de este planeta que nos abriga”, manifestó
“Como salvadoreños, la mejor forma de honrar a San Romero es mantener vivo su mensaje de amor y paz en nuestras acciones”, añadió.

“Tenemos ante nosotros una nueva oportunidad para hacer realidad el mensaje de vida de monseñor Romero, y lograr la reconciliación y la unidad como hijas e hijos de un mismo pueblo”, afirmó.

Es la buena alborada que San Romero de América le abre al pueblo que ama, la nueva oportunidad de vida para la que trabajó desde antes de su martirio hace 38 años.
“Que la palabra de San Romero nos ilumine y nos guíe”, exhortó el presidente Sánchez Cerén.

“En sus palabras encontramos la fortaleza para ser mejores y avanzar en el camino de la paz y el bienestar de todos los ciudadanos”, afirmó.

San Salvador, 14 de octubre de 2018