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“Nuestro deber es servirle, pero también es importante contar con el respaldo de ustedes”, así se expresó el presidente Salvador Sánchez Cerén en la visita realizada con ministros, gobernadores y alcaldes al albergue Tierra Blanca, uno de los 13 montados en los municipios de Chirilagua, Intipucá y El Carmen afectados por el enjambre sísmico en la zona oriental del país.

No fue un simple recorrido de cortesía, sino el contacto directo y necesario, el intercambio con directivos y funcionarios en el terreno y no desde el escritorio, para que “la población viera a su Presidente atendiendo a la gente, sintiendo junto con ella”, como expresó un líder comunitario.

Se trata de otro de los tantos gestos solidarios del presidente Sánchez Cerén y todo su equipo de trabajo, un mensaje de confianza y seguridad llevado a esas tierras, donde se garantiza atención médica, psicológica y emocional, alimentación, un lugar para dormir y tranquilidad para la vida y los bienes materiales de cada familia, con el apoyo de la Policía Nacional Civil y la Fuerza Armada.

El mandatario manifestó a los albergados su grata impresión por la unión y organización demostrada ante la difícil situación que viven, al tiempo que aseguró que todas sus necesidades serán atendidas y solucionadas, en especial un techo seguro, los servicios de salud y la alimentación.

“Para ello me acompañan el ministro de Hacienda, la ministra de Salud, el viceministro de Seguridad, el director de la PNC, porque ustedes tienen que estar bien resguardados y organizados los aseguramientos de alimentos, y para ofrecer, lo antes posible, techo a todos los que lo han perdido total o parcialmente”, afirmó.

Anunció que ya está disponible un millón de dólares para los albergados de los tres municipios, montados hasta la fecha, monto que servirá para solventar las primeras necesidades.

“También ponemos a disposición de esta contingencia cuatro millones provenientes de los fondos para emergencias, con el fin de que las viviendas que se construyan o reparen no sean afectadas por futuros sismos, trabajaremos por viviendas más adecuadas a las condiciones de estas zonas”, aseguró el mandatario.

El presidente Sánchez Cerén adelantó que se analiza una solicitud a la Asamblea Legislativa de una declaratoria de emergencia mediante un decreto ejecutivo, con el objetivo de poder utilizar 45 millones de un préstamo de Japón para estos casos.

El enjambre sísmico que sufre desde el pasado viernes la zona oriental de El Salvador ha puesto a prueba una máxima del actual gobierno, “lo primero es salvar la vida de las personas”.

En todos los programas y planes dedicados a elevar la salud, la educación, la cultura, las condiciones habitacionales y la alimentación, el ser humano es la prioridad y ahora no podía ser menos cuando la naturaleza se empeña en estremecer la tierra en municipios de La Unión y San Miguel, para lo cual se han activado los comités de emergencias locales.

Desde que se recibieron los primeros informes técnicos sobre el fenómeno, que afecta principalmente a los municipios de Chirilagua, Intipucá y El Carmen, el Presidente instruyó las primeras acciones para decretar la emergencia institucional, y así atender con toda la urgencia requerida a las familias afectadas.

Así, se activó el Sistema Nacional de Protección Civil en el territorio para resguardar la vida de los pobladores, y se decretó la alerta naranja en esos tres municipios y la amarilla en el resto de los departamentos de San Miguel y La Unión.

Luego de las visitas realizadas por el ministro de Gobernación, Arístides Valencia, el domingo, y del vicepresidente Oscar Ortiz, el lunes último, hoy el mandatario verificó en el terreno de toda la atención que se brinda a los afectados.

Hasta la fecha se registran 662 viviendas con algún tipo de daños, provocados por los 575 sismos registrados en la zona, 110 de ellos percibidos por la población.

Durante el recorrido al acercarse a una de las casas de campaña se le escuchó preguntar por la alimentación y atención médica recibida por las niñas y adultos mayores de la familia allí albergada, preocupación reciprocada por fuerte apretones de mano y abrazos de madres, padres, el agradecimiento de no pocas abuelas y cientos de sonrisas.