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A un año de la novena elección municipal y legislativa durante el cuarto de siglo de paz -en el que tuvimos cinco comicios presidenciales, sin contar dos segundas vueltas, lo que dice mucho de la acelerada calistenia democrática eleccionaria ejercitada por nuestra sociedad-, las fuerzas de oposición se adentran apresurada y tortuosamente en la intrincada jungla de esta nueva precampaña.

Esperamos que solo sea un triste recuerdo aquella infausta época en la que una aparente ventaja se definía de manera primitiva a favor de la tribu dominante, que de forma salvaje procuraba aplastar al oponente, imponiendo su marca tricolor al tratar de dominar lo que consideraba su territorio, considerándose amo y señor de todo ser vivo que votara en aquellas comprensiones.

No fueron pocas las batallas campales orientadas a destruir toda expresión gráfica de propaganda electoral de su oponente: pendones, vallas, mupis fueron testigos diurnos y nocturnos del avieso propósito de dominar, imponer y pintar primero postes, aceras, muros, monumentos, puentes, calles, árboles, lo que fuera, bajo el imperio de la prepotencia. Y como todo pie encuentra su horma, este estilo arcaico llegó a su fin, aunque generó la atrofia de campañas con muy poca propuesta, ningún debate y muy escasa visión programática.

Los métodos cambiaron, pero no la confrontación irracional. Quienes enarbolaban aquella polarización para sojuzgar fueron rebasados por la sociedad que impuso la alternancia; sin embargo, hoy reflejan un malsano espíritu ejerciendo su poder de veto, castigando a la población mediante el boicot a las políticas públicas de beneficio social. Recurren al bloqueo de todo lo que luzca a progreso de la sociedad impulsado por el ejecutivo, con el infame propósito de sabotear  la actual gestión gubernamental, buscando carroñeras ventajas electoreras.

Resulta incomprensible la falta de votos de Arena para aprobar préstamos  que permitan financiar nobles programas como: 1) Las tres nuevas sedes de Ciudad Mujer proyectadas en las ciudades de Sonsonate, Chalatenango y La Unión, ninguna gobernada por el partido oficial y que ha atendido a más de un millón de mujeres durante su ejecución, convirtiéndose en referente de la comunidad internacional que lo ha retomado para replicarlo en otros países. 2) La seguridad pública que, habiendo demostrado su destino, requiere un préstamo de 100 millones para la adquisición de 2500 vehículos para la PNC mejorando con ello la capacidad de movilización y control territorial; inversión en sedes policiales de los territorios y en un moderno laboratorio científico para la investigación del delito que vuelva más efectivo el trabajo policial. 3) La ampliación de la carretera de Zacatecoluca, y tramos fronterizos, derivados del compromiso de Fomilenio, 115 millones que se suman a los 30 millones de un crédito blando con la Unión Europea destinado a caminos rurales; necesarios todos para la ampliación y mejoramiento de la red vial, elemento esencial para continuar el crecimiento económico y la generación de nuevos empleos. 4) La construcción del nuevo Hospital Rosales y el de la región norte entre Apopa y Nejapa para lo que se ha solicitado un crédito de 170 millones. 5) La recuperación ambiental para la protección de mantos acuíferos, lo que requiere la ratificación de un empréstito con Japón por 50 millones, que vinculado al crédito pendiente para el proyecto de Las Pavas por 17 millones, son garantía para el abastecimiento de agua a la región metropolitana.

Sumamos a esta actitud negativa el incumplimiento por parte de la dirigencia de Arena del compromiso que firmó, y no ha cumplido, de la aprobación de 650 millones para el pago, entre otros, de una deuda externa que mayoritariamente fue contraída en sus periodos de gobierno; así como la evasión sistemática del diálogo para alcanzar acuerdos y resolver la crisis previsional derivada de una mala reforma que también fue implementada durante sus periodos de gestión y de la que tampoco se puede exonerar.

Más allá de quien pueda ganar las próximas y futuras elecciones es claro que el país seguirá teniendo los equilibrios, frenos y contrapesos que establece nuestro marco constitucional, por lo que no es previsible ningún viraje que descalifique el peso estratégico de alguna de las principales fuerzas, ni  el rol de los partidos de menor representación legislativa que son vitales en nuestro sistema democrático. En consecuencia, es de elemental racionalidad ubicarse, dejar a un lado las campañas improvisadas de pasos inseguros, reconocer de manera sensata que la población rechaza la polarización, que los electores disponen de variadas fuentes de información alternativa, por lo que ya no tienen el mismo efecto las campañas del miedo del pasado.

En serio, vuelvan a la mesa y siéntense con el único propósito de resolver los problemas del país, en función de la responsabilidad histórica y la representación política otorgada por el voto popular.